28 Jul 2021

14. POESÍA ESPAÑOLA. GUADALUPE GRANDE

-09 Ene 2021

 

Homenaje a Guadalupe Grande

 

Tuve la oportunidad de conocer a Guadalupe Grande en el Festival de Granada, Nicaragua en 2013.  Ya había oído hablar de ella a otros poetas refiriéndose a que era hija de dos enormes escritores, Francisca Aguirre y Félix Grande.  Después de una lectura en la plaza, la vi en un gesto jovial dirigirse a mí y dispuesta a platicar y a compartir la cena.   Después de ese momento, siempre estuvimos dialogando junto a otros colegas sobre el oficio de escribir, recordando anécdotas y demás.  Una noche en la cual también bailamos palos de mayo, tuvimos la oportunidad de conversar a la orilla del gran lago y allí le pregunté sobre ese fabuloso libro de su padre, Blanco Spirituals, el cual había ganado el Premio Casa de las Américas y esto se dio, a que durante un tiempo, el concurso permitió la participación de poetas españoles.  Le dije que tenía muchas ganas de leerlo y que no disponía de ejemplares y que solo sabía de él por referencias.  Me prometió mandarme un ejemplar y así lo hizo.  La dedicatoria resultó hermosa: “A Javier Alvarado, nuevo y viejo amigo” F.G..  A las pocas semanas él partió y en el 2019, se nos iba Francisca Aguirre y empezando este 2021 la noticia de la muerte de Guadalupe Grande ha conmovido a poetas de diversos países, quienes la conocieron, leyeron y trataron.

 

Ella tenía un sentido de la calidad poética muy exigente.  Me di cuenta de ello de inmediato.  Su poesía tiene la contundencia de una nevada y la brevedad de un aleteo de colibrí; pero de un aleteo que se puede multiplicar velozmente y sumirnos en ese dolor y en esa fugacidad de la belleza.  Hay angustia, inquietudes e incertidumbre en sus versos; una apología del caos y de lo que nos subyuga actualmente. Su palabra es contundencia, memoria de los días y de la vida como bien dijo.

 

Sea esta breve muestra de su trabajo un homenaje a la poeta entrañable y respetada, a la amiga y a una de las inolvidables compañeras de baile que me ha dado la vida y la poesía.  

 

Javier Alvarado

 

 

EL VUELO

 

La vida nos sabe a poco

el mar no nos basta

Somos un signo de interrogación

que ha perdido su pregunta

Y sobre todas las tristezas

el vuelo ensimismado del trapecio

-pronuncié tu nombre más solitario

tu nombre hecho de ausencia

mínimo conjuro de sílabas que nombra

la falta sin límites de tu tamaño

palabra inhóspita que lleva

a una región de aire

en la que el equilibrio es un calvario

-conozco bien esta vocación de aire

esta opulenta miseria

este esplendor de la tristeza

este ultraje de las redes y del tiempo

Conozco bien el desatino

de las palabras que nombran las ausencias

Huir es regresar eternamente

 

 

EL RASTRO

 

Somos materia de extrañeza

quién nos lo iba a decir nosotros

que hemos sufrido tanto

Pero nuestra memoria no arde

y ya no sabemos morir

Memoria de la vida,

memoria de los días y la vida,

cuchillo que abre el mundo

esparciendo unas vísceras que no consigo descifrar.

Memoria de las tardes y la luz,

alumbras la mirada

eres el vigía implacable,

la brújula severa, el testigo carcelario

que anuda el tiempo en su mazmorra.

Qué buscas, memoria, qué andas buscando.

Me sigues como un perro hambriento

y tiendes a mis pies tu mirada lastimera;

husmeas, perniciosa, en el camino

el rastro de los días que fueron,

que ya no son y que jamás serán.

Te arropan los andrajos de la dicha

y la desolación te ha vuelto precavida;

memoria de la vida, memoria de los días y la vida.

 

MEDITACIÓN

 

Aturdidos de tanto saber

y de no entender nada

las cenizas de la memoria

se esparcen en el aire

Una cucharada más de polvo,

tan sólo otra cucharada de nostalgia.

Abre la boca, niña, come y calla.

Cruel alimento es la nostalgia,

naufragio desolado de la vida,

espejo injusto e insaciable.

Otro bocado más, niña, mastica y traga.

 

 

BODEGÓN 

 

Las nueve y la cocina está en penumbra:

estoy sentada ante una mesa tan grande como el desierto,

ante unos alimentos que no sé cómo mirar,

y si les preguntara, ¿qué me contestarían?

Son naranjas de una cosecha a destiempo,

mandarinas sin imperio,

acelgas verde luto,

lechugas verde olvido,

apios sin cabeza,

verde nada,

verde luego,

verde enfín.

(Bandejas de promisión

en el condado del desamparo.)

La tarde se dilata en la cocina

y aquí no llega el sonido del mar.

La soledad de las naranjas se multiplica:

no hay pregunta para tanta opulencia,

aquí, en la serenidad de esta banqueta de tres patas,

rodeada por una muralla de mandarinas huérfanas,

una legión de plátanos sin mácula,

un bosque de perejil más frondoso

que la selva tropical.

Alimentos mudos y sin perfume:

os miro y sólo veo una caravana de mercancías,

el sueño de los conductores,

una urgencia de frigoríficos

y un rastro de agua sucia atravesando la ciudad.

 

 

LETANÍA SIN NOSOTROS 

 

Es en este tiempo incierto, intacto,

es en este instante desnudo,

sin palabras, sin nosotros, tan sólo

tendido suavemente en el olvido.

Es bajo esta lluvia muda y ciega,

esta lluvia sin nosotros,

esta hora sin nosotros,

Este agua sin sed.

Es. Es sin siempre, es sin memoria,

es sin llanto y sin risa,

es sin miedo y sin gracias te sean dadas.

Es, como si eso fuera poco,

sin causa y sin remedio,

a pesar nuestro,

Y es, desde luego, sin calles ni avenidas,

sin fuentes ni estaciones,

sin la tristeza que da mirar el firmamento.

 

 

AZOGUE

 

Vivimos de costado

pasamos de puntillas

Gracias a dios nadie quedará para recordar

en nombre de quién

habrá de dirimirse la venganza

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos

dejando un polvo amarillo en el azogue

es menester estar atentos.

Cuando los días huyen a hurtadillas

despreciando nuestro estupor

(mientras se pudre el grano en el almiar)

es menester ser precavidos.

Cuando la vida se oculta en los rincones

y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro

solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.

Y yo he venido a pregonar

la escarcha de la duda.

 

 

JUNTO A LA PUERTA 

 

La casa está vacía

y el aroma de una rencorosa esperanza

perfuma cada rincón

Quién nos dijo

mientras nos desperezábamos al mundo

que alguna vez hallaríamos

cobijo en este desierto.

Quién nos hizo creer, confiar,

—peor: esperar —,

que tras la puerta, bajo la taza,

en aquel cajón, tras la palabra,

en aquella piel,

nuestra herida sería curada.

Quién escarbó en nuestros corazones

y más tarde no supo qué plantar

y nos dejó este hoyo sin semilla

donde no cabe más que la esperanza.

Quién se acercó después

y nos dijo bajito,

en un instante de avaricia,

que no había rincón donde esperar.

Quién fue tan impiadoso, quién,

que nos abrió este reino sin tazas,

sin puertas ni horas mansas,

sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.

Está bien, no lloremos más,

la tarde aún cae despacio.

Demos el último paseo

de esta desdichada esperanza.

 

 

OFICIO DE CRISÁLIDA

 

Durante un tiempo estuve muerta:

hubo hambre y cansancio,

y el sonido del mar y el aroma de los alimentos

y la luz de la vida poblándose, reuniéndose;

pero algo estuvo muerto.

   (nada existe más allá del instante

         nada germina     nada surge

            las horas pasan sin hacer ruido

              niebla que empaña cuanto toca)

Fue imposible rastrear los pasos en el tapiz

y ni siquiera hubo obstinación,

pues lo primero que un muerto pierde es la memoria;

comencé a olvidar sin ningún plan ni itinerario

y no hubo signo premonitorio

que advirtiera la llegada de esa calamidad.

(acariciaste mi sombra afanosamente     amor

   pero entonces ya estaba muerta

      hilachas de deseo en la piel y espuma muerta en

         la boca

            que estar muerto es triste y dura mucho e indigna a

               quien lo presencia)

Durante un tiempo estuve muerta

como una crisálida guardada en una caja de cartón,

detenida en el umbral, olvidada del gusano y de la mariposa.

Instante perpetuo, cómo duele despertar de tu sosegada indiferencia,

de tu dócil y atónita bondad.

La vida nos sabe a poco

el mar no nos basta

Somos un signo de interrogación

que ha perdido su pregunta

 

 

GATAS PARIENDO

 

Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato

recién nacido

Y un verano y otro y luego otro más hasta llegar a esta noche

al fondo jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del

mundo

a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo

y ese gato que no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de

quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde

del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano

hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no

la puedes escribir

Qué pensaría nadie y quién es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan

ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un

sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido

convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche

para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para

bordear la herida

Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has

rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has

comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol

y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución

en la sombra

Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín

resuenan como las tablas de la ley.

 

 

LAS ESTACIONES Y EL PÁJARO AFILADOR

 

Hace extraño en las primeras lluvias

esto nadie lo sabe, pero siempre hace más verdad

en la sabiduría de las terceras nieves.

Pero dónde entonces la marca del herrero.

Llega el invierno y los que se aman

acuden al frío como acudieron al vuelo

los cormoranes en tiempo de guerra.

Es difícil seguir vivos, amor mío

pero es más triste aún abandonar la casa de las palomas ciegas.

No es en la tarde de los cuadros

donde dejamos la caja fuerte de las pérdidas

sino en la cuchara de palo

que regalamos al afilador.

Nada salpica nuestra inocencia

salvo la casi certeza de que regresará el verano

a la hoguera del frío

y habremos de ocuparnos de quienes más nos necesitan.

 

 

Guadalupe Grande Licenciada en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid, era hija de los poetas Francisca Aguirre y Félix Grande y nieta del pintor Lorenzo Aguirre. Publicó los libros de poesía El libro de Lilit, Premio Rafael Alberti, La llave de niebla, Mapas de cera y Hotel para erizos. Sus poemas figuran en revistas así como en antologías de ámbito nacional e internacional. Junto a Juan Carlos Mestre realizó la selección y traducción de La aldea de sal, antología del poeta brasileño Lêdo Ivo. Fue invitada a recitar en la I Muestra Iberoamérica de poesía, Manizales (Colombia, 2003), Encuentros Culturales, Pereira (Colombia, 2003), Universidad de la Sapienza (Roma, 2004, 2006), Festival Internacional de Biscra (Argelia, 2005), Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia, 2006), Festival Internacional de Poesía de Bogotá (2007), Instituto Cervantes (Cracovia, Varsovia, 2007) y Roma (2008) Festival Internacional de Poesía de Sarajevo (2008) e INVERSO 2011 (Festival de poesía independiente de Madrid). Como crítica literaria colaboró desde 1989 en diversos diarios y revistas culturales, como El Mundo, El Independiente, Cuadernos Hispanoamericanos, El Urogallo, Reseña, etcétera. En 2008 obtuvo la Beca Valle-Inclán para la creación literaria en la Academia de España en Roma. En el ámbito de la edición y la gestión cultural trabajó en diversas instituciones como los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, la Casa de América y el Teatro Real. Desde ese año, comienza a experimentar con la fotografía y el collage. En sus últimos años fue responsable de la actividad poética de la Universidad Popular José Hierro, en San Sebastián de los Reyes, Comunidad de Madrid. Fue muy activa en la cultura de Madrid, y en su barrio de Chamberí hasta su muerte. Falleció en Madrid el 2 de enero de 2021.

 



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