06 Ago 2021

139. POESÍA MEXICANA. ULISES PANIAGUA

-16 Ene 2021

 

SOY MUHAMMAD ALÍ

 

Yo soy Muhammad Alí

Soy el rey del mundo:

También soy amo y señor de la enfermedad de Parkinson

 

Soy Muhammad Alí:

mi boca es grande como un rascacielos

Mi voluntad también

 

Soy Alí, el contradictorio:

intimido a mis rivales, abuso de su recelo

pero abogo al mismo tiempo por los derechos humanos

 

Como cualquiera, he tenido enemigos que me odian a muerte

Me enfrasqué, incluso

en combates épicos con algún Frazer, por descuido

 

Debes saber además que vapuleé, mientras tanto

a muchos, muchos, muchos costales

 

Suelo a decir a mis antagonistas:

“Mira mis piernas, que rápido se mueven”

Soy un peso pesado, pero soy ligero como mariposa

 

Soy el gran Alí

Ahora voy a lanzarte un golpe

un verso tan rápido que no podrás notarlo…

¿Lo leíste? ¿Pudiste verlo?

 

Un día me llamaron Cassius

Cassius Marcellus Clay

Más ignoré a quien me llamaba

Lo dije bien claro: no iré, ése es nombre de esclavo

 

Yo odio la guerra

odio matar

Me niego a hacer lo que otros quieren

 

Pretendieron enterrarme vivo

pero volví, más tarde a ser, de nuevo

campeón del mundo

 

Soy Muhammad Alí

No soy blanco

Orgullosamente no soy blanco

Tampoco soy su esclavo

 

Soy el dueño del mundo

 “Soy joven; soy guapo; soy rápido”

“Cuando eres tan grandioso como yo, es difícil ser humilde”

 

Soy Alí

Entreno, deslumbro, entreno

Entreno, deslumbro, entreno

 

Soy Muhammad Alí

Soy el más grande

 

Lo dije

y te lo digo:

“No se puede ser valiente si se tiene miedo”.

 

 

EL LUGAR DEL QUE VENGO

 

Vengo de una cultura sísmica

He visto el desplome de edificios

ilusiones, mentiras o gobiernos

 

Los he visto con la misma serenidad

con la que ahora fumo

 

¿Por qué debería temer al hambre, al desamor,

al profano desprecio?

 

Vengo de un lugar donde uno

se sobresalta con cualquier movimiento

Desde luego

nos movemos cada segundo

 

Uno cae y se levanta de algún modo

de cualquier modo

aparece entre las ruinas como un gato famélico

Aprende a fingir estabilidad

 

Luego los días reaparecen, discretos

 

¿Por qué habrían de estremecerme

tu misterio, los mensajes que no recibes

las llamadas muertas

el silencio en el que me has sepultado?

 

¿Por qué habría de angustiarme, por otra parte

la parálisis ante el futuro

mis venas podridas

la indiferencia de los seres queridos

las malas, las desleales amistades?

 

Y la soledad, la persistente soledad

 

Uno cae, se sacude la tierra entre los dientes

se levanta y camina, renco

Uno se vuelve Lázaro y Jesucristo

Se vuelve también el ángel que se desplomó de un reino

 

Hasta que un día no

Uno ya no se pone en pie

Se queda absorto

ante su cadáver bajo los escombros

 

La fecha de ese día, por fortuna

se desconoce

Sólo así se puede fingir la prosaica comedia de la vida

fingir que fingimos estar vivos

 

Así que hoy tomo aire

Me des-caigo cadáver

No se pierde nada cuando nada se tiene

Me incorporo, sobrevivo

 

Así es aquí, desde hace siglos:

uno se derriba, se reconstruye

Se hace polvo o se hace piedra

Se hace piedra o se hace polvo

Y se acostumbra

Se acostumbra

Ya lo ves

lo dije:

vengo de una cultura sísmica.

 

 

DECLARACIÓN DE BIENES

 

Esta casa es hermosa, pero no es mía

Es de mis padres, será seguro de mis sobrinos,

de los hijos de mis sobrinos, de los hijos de los hijos de mis sobrinos

o de un pato, un duende, un oso que alcance a cubrir la renta.

 

Estos versos pueden ser interesantes, pero no son míos

Son de quien murmura, entre dientes, sus alegrías de sal,

sus nostalgias tabaco. Tal vez sean,

sí, de los hijos de mis nietos, o de los hijos de los hijos de mis nietos.

 

Este libro no es un libro. Es un testamento, un mamotreto

una queja sin fecha ni nombre, una charla entre amigos

o una charla con los nietos de los nietos de mis amigos

quienes habrán de leerlo en futuras mañanas sin gloria

entre violentas tormentas de tiempo, como gatos boca arriba

o peces congelados

 

Esta casa es hermosa, pero no es mía

Estos versos pueden interesarte, pero no son míos

Lo digo yo, que espero sí ser yo

Lo dicen el pato, el duende, los nietos, el oso.

 

 

SOY MEDUSA

 

Yo soy Medusa:

bella, antigua sacerdotisa del templo de Palas Atenea,

aquella quien tiempo después se tornó

el monstruo más fiero de tierras helénicas.

 

Tengo, al mismo tiempo, un tipo de sangre que dará vida

al hermoso Pegaso y al gigante Crisaor

Soy grande

 

Soy Medusa

Mi única falta hacia la divinidad fue haber nacido mujer

Mis cabellos ondulados, del color del oro

fueron la envidia de otras chicas

Muchos eran, además, mis pretendientes

 

Soy Medusa

Cuando ingenua ordené los preparativos

para las libaciones fui violada, de forma salvaje

por Poseidón, señor de los mares y las tormentas:

el más cobarde de los dioses

 

Poseidón justificó su vileza argumentando

no resistir el color de mis bucles

el aroma de lo virgen. Titán imbécil

 

Soy Medusa. Había tenido noticia de los ultrajes de Zeus

hacia otras doncellas

ataques que el Olimpo encubrió

bajo la leyenda de capacidades seductoras, galantes

 

No pensé ser una víctima

de aquella misoginia que se transforma en mito.

 

Herida en el cuerpo y las entrañas

esperé venganza, una gota de justicia

Atenea, en cambio, coludida con los machos

alegó la profanación de su casa

y maldijo mi supuesto descuido

 

Me obligó a llevar esta cabellera de sierpes

a volver inservible (cómo lo disfruto)

a cualquiera que se atreve a mirarme.

 

Me alegra:

ningún varón volverá a posar una mano sobre mi sexo

He jurado a muerte, la muerte del macho cabrío

 

Soy Medusa:

la condena tras el silencio bajo el silencio

la furia que se estudia con desdén en las aulas de escuela

la víctima y, tras la violencia, el fenómeno violento

Deambulo, discreta, bajo la humillación

de las cámaras y las estatuas de un palacio oscuro

 

Yo soy Medusa:

un día fui inocente

un día fui ultrajada

otro más me convertí en una revancha necesaria

 

Tuve una vida difícil

No hubo sosiego

 

No contento con ello el destino permitió que una jornada

cuando contemplaba absorta el exterior de una ventana del palacio

otro hombre, un cobarde de nombre Perseo

sacase una espada a mis espaldas para cercenarme la cabeza

 

Soy Medusa

Teme si eres hombre

Despierta, si mujer eres

Estremécete Caos, agítate Gea:

 

Soy la sangre de la verdad

Y es posible que estos versos que ahora lees con ligereza

sean capaces de convertir en piedra tus viejos pensamientos.

 

 

Ulises Paniagua (México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Ganador del Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, Colombia (2019). Autor de las novelas La ira del sapo (2016), y Ese lugar existe (2017); así como de siete libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015), Entre el día y la noche (UAM), Las tuercas en mi cabeza (2019) y El horror en cada puerta (2019). Poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015); así como los CDs sonoro-poéticos: Cuadriversiones (2013), Clandestinos y nocturnos (2014), y Mientras nos queden labios con qué cantar (2016). Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales y publicado en la Academia Uruguaya de Letras. Primer lugar en el Concurso Literario de Cuento “La caverna” (2016). Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche (2007), y del Premio Endira de Cuento Corto (2016). Su obra ha sido traducida al inglés, checo, ruso e italiano.

 



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