24 Jul 2021

178. POESÍA COSTARRICENSE. VICTOR HUGO FERNÁNDEZ

-20 Feb 2021

 

EPÍTOME DEL CAPITÁN AHAB

 

                                            A la amistad de Frank Ruffino

 

He conquistado un territorio

bajo el mar

donde las nubes no dibujan horizontes

y el sol no palpita en sus laderas.

 

Un lugar donde la soledad

construye ciudadelas

suspendidas en el silencio,

habitadas de peces que hablan

un lenguaje de plancton

y las actinias

danzan en el aire

del agua profunda.

 

Las algas se extienden

entre sombras siniestras, 

mariposas respiran

adheridas a las superficies

que alguna vez

fueron las montañas,

donde azules amantes

se insinuaron

alrededor de los estanques.

 

Expulsado del paraíso,

propicié mi destino marino,

desnudo y sin ocaso,

sin otro impulso

que el recuerdo

en la profundidad del mar

para sitiar las murallas

y conquistar las tierras

vírgenes que habrían de surgir.

 

Llevar una bandera

sobre el lomo negro

y silencioso de mi nave,

blanca ballena invisible

que todo lo maldice

y lo rescata,

sonriendo al abismo.

 

Oculto he de estar

tras cascadas secretas

donde doncellas sublimes

florecen sus cuerpos,

mas, soy imposible al abrazo,

aunque mis remos

desafíen la tormenta:

aspiro a convertirme

en el guerrero

que troca sus armas

por poemas presentidos

del fondo marino,

indiferentes a los campanarios fatuos,

recordando atardeceres

de un luminoso Porvenir.

 

Me señalan por ser la remota voz

del místico crepúsculo

agotado sobre el mar,

una oscura leyenda

habitando un libro

donde la espuma

resplandece antes de oscurecer,

de un silencio azul y absoluto.

 

Entonces brotarán tesoros

convertidos en semillas,

las gaviotas vendrán hasta

el largo ojo de mi nave

para relevar al viento,

y contar la epopeya.

 

 

MISMO SUEÑO

 

De tanto caminar a su lado

me he acostumbrado a mi sombra,

a su deforme silencio perpendicular

a su ahogo de mediodía,

a decir dos veces que te quiero

y acabar negándote tres veces,

como todo amanecer arrepentido

donde pierdo la fe en lo que vendrá

temeroso a seguir naufragando,

en el mismo sueño.

 

 

NO SOLO LAS HIENAS

 

A tu lado siempre fuimos extraños.

Cuando nos alejamos

la proximidad se convirtió en un pétalo

ahogado por la lluvia.

Mirarnos a los ojos tantas veces,

descansar el dedo índice sobre tus labios,

el hervor de la sangre en un beso.

Arder, para continuar siendo extraños

de todos los sueños que cruzamos

cuando cambiábamos de almohada

y de lugar en la cama.

 

Después de todos esos atardeceres

que atravesamos desnudos

sin darnos cuenta,

de la lluvia que lavaba las ventanas

y borraba el paisaje,

desembocamos en una muralla de niebla

donde nos perdíamos,

entre sonrisas de admiración

y abrazos de reencuentro.

No solo las hienas saben mentir

mientras sonríen,

Nada más ominoso

que fingir conocernos,

sabiéndonos extraños.

 

 

PERFILES

 

Todas las ideas sobre mí

son erróneas como falsa

es la luz del amanecer.

La fruta prohibida nos fue dada

para consumirla en ayunas

y con mal aliento.

El amor no sabe a dentífrico,

la saliva tiene mayor oleaje

cuando arrastra la noche

hasta la otra garganta

y se consume,

aferrada el corazón.

 

 

SI DIGO MUJER

 

Si digo

mujer no tires esa piedra,

no quemes los puentes

no derrumbes el templo

ni cuestiones la rosa,

sus pétalos

no son culpables del llanto

tampoco de la música

que brota de tus lágrimas.

Si digo

tu libertad tiene alas propias

aprende a desplegarlas,

no cortes el vuelo del árbol

porque en sus ramas te sostienes.

Deja correr el agua,

el murmullo del riachuelo

no tiene la culpa.

La libertad es una lucha interminable

tiene los ojos de la música,

el canto de los pájaros,

el sonido del viento,

el abrazo de todas las mujeres

sobre el asfalto de los días.

Si digo

tu futuro estará incompleto

sin la sombra en el verano

y solo habrá desierto

cuando acabes con el bosque,

créeme

mujer

porque el hombre

nunca será el enemigo.

 

 

SILENCIOS

 

Octubre se desangra río abajo,

me cortaron el aliento tus labios

salpicados de lluvia,

el viento agita los árboles

sugiere fantasmas,

desconsolados de indiferencia.

El monje de los jaúles

despliega sus tatuajes agoreros,

cuenta la historia de la niebla

donde los amantes se confunden

entre la hierba que los disimula

desnudos

verdes

escasos de ropa,

pero cubiertos de incendios imperceptibles.

Todos descendemos la colina

hacia la muerte redentora

que aguarda entre las magnolias.

Los perros ladran,

acechan lo que somos incapaces de admirar,

saben que los puentes han desaparecido

pero nos queda el vacío,

para atravesar el ritual de la tarde

y cantar con el silencio.

 

 

TEMPUS FUGIT

 

Esta mañana descendí los escalones nuevamente

para reencontrarme con un ayer

que ya no se queda en la cochera.

Salimos a buscarlo entre las calles,

las alamedas floreadas

y sus pájaros indiferentes.

 

Ya nada será igual,

nos decimos todo el tiempo

aunque no dependa de nosotros.

 

Atravesamos la última esquina del confinamiento,

hasta toparnos con las calles vacías,

las casas abandonadas,

los demás escondidos en un bosque de sombras

asustados de sí mismos. 

Así seguimos, descendiendo hacia el lugar

donde se extraviaron los últimos abrazos.

 

Desde los balcones,

las palomas nos miran indiferentes.

Las nubes calientan la lluvia,

con que refrescan las tardes,

y construyen la arcilla de las hormigas.

Aquí todo sigue igual,

menos nosotros. 

 

 

JUSTICIA

 

Tengo un arma,

para dispararle a la soledad.

Ruge como una canción de Spinetta,

reniega de la vida en su oscura indiferencia.

Con ella apunto a los pájaros que ya no cantan,

quema los dedos cuando aprieto el gatillo

y la pólvora penetra las entrañas,

incendiando el silencio de las nubes

sobre las magnolias del recuerdo.

Tengo un arma

poderosa y siniestra

me hace sentirme protegido

                                               de mí mismo,

la llevo a un costado de mi pecho,

la acaricio con mi piel gastada.

Temo activarla,

pero desafío a mi sombra

                                           y la amenazo.

Tengo un arma

y pienso en los Beatles cuando dicen

“la felicidad es un arma caliente”,

                                         entonces admito

que ahora soy la víctima

                                       y también el victimario.

 

 

Víctor Hugo Fernández Umaña. San José, Costa Rica (1955). Poeta, narrador y ensayista. Posee una Licenciatura en Filología Española y una Maestría en Literatura Comparada por Penn State University, USA. Ha ejercido el periodismo cultural y la crítica de danza en medios costarricenses y cooperado con revistas internacionales. Miembro fundador del grupo Literario Sin Nombre, que reunió a otros poetas y artistas de su generación en torno al movimiento de promoción del arte en espacios urbanos, con excelentes resultados de público y crítica. Fue director del Suplemento Cultural Ancora que publica el diario La Nación entre 1989 y 1996 y desde allí desarrolló una amplia labor en beneficio de la cultura, logrando la consolidación y el realce de los premios Bienales Ancora de la cultura, que se entregaron en diferentes géneros y prácticas artísticas y científicas, destacando la obra de comunidad creadora e investigativa nacional. En novela ha publicado Los círculos del cuerpo (REI, 1992), En relato ha publicado La Reina del Ácido (EUNED, 2017), El amante y la chica depresiva (WG, 2018) En Poesía ha publicado Calicantos (Mesén editores, 1982), Las siete partes en que antiguamente se dividía la noche (EUCR, 1991), Escala en Santa Rosa y otros trenes (BBB, 2014), Genealogía de mi sombra (WG, 2016), Canciones para un Minotauro (WG, 2018), No todas las naranjas cantan igual (WG, 2019). Dulces blasfemias (WG, 2020) Su obra ensayística es amplia. Es director fundador del proyecto Planeta Musical -música y poesía por radio en Internet-, por medio del enlace: www.planetmusicradio.com

 

 



Compartir