28 Jul 2021

186. POESÍA ARGENTINA. CARINA SEDEVICH

-27 Feb 2021

 

AFTER LIFE

 

En una película oriental

los muertos eligen un recuerdo

para vivir en él como un insecto

inmóvil en un ápice de ámbar.

 

Buscan momentos sin exaltaciones

en los que no pudieron vislumbrar

resabios de pasado o porvenir.

 

Al fin,

prefieren recordarse solos.

 

Un cardo ruso, 2016

 

 

AMOR

 

De una materia turbia y demorada

son los días.

 

La ternura es posible

y la tristeza

un pan administrado con justicia.

 

Klimt, 2015

 

 

CANCIÓN DE CUNA

                                     [para Isabella]

 

Escuché los latidos en el vientre de mi hermana.

Fueron corcheas, apenas: do, do, do.

 

Afuera ya se dormían los tordos entre los álamos.

Dormía el calor de mayo. Pero nuestra sangre no.

 

Un silencio rodó lento, como ruedan los destinos.

Rodó como rueda un canto: sol, sol, sol.

 

Klimt, 2015

 

 

AGUA DULCE

(fragmento)

 

Unas láminas de sarro se desprenden

y golpean las paredes de mi jarra.

 

Pienso en brillantes filamentos de mica

ocultos en la arena de los ríos.

 

Pienso en las mangas mojadas

que los poetas chinos

prefieren nombrar para no hablar

de sus lágrimas.

 

Gibraltar, 2015

 

 

AH, LOS POCOS GRILLOS DEL FELIZ FEBRERO

(fragmento)

 

Ah, los pocos grillos del feliz febrero.

Escurren su azul entre las alas fibrosas.

Mi alma se pliega en fina filigrana:

un sobre traslúcido que guarda un tesoro.

 

Me vuelvo la hija de mi hermana en sus brazos.

Me vuelvo mi madre tendida en su cama

—y el agua de la cava donde nada su padre

y la planta oscura que crece en su cuadra

 

al borde de las vías, al fondo de la casa,

recogida de noche por abuelas dolientes.

La planta milagrosa que se denominaba

con un vocablo ocre, grueso, masculino. —

 

Lavar a la madre, 2017

 

 

VÍSPERA DE NAVIDAD, JUNTO AL RÍO

 

No te merecí. Pero recuerdo tus brazos

como el viejo que evoca un paraje querido

en el que anduvo durante muchos años,

mudo, como transita uno las certezas.

 

No te merecí. Pero recuerdo tus brazos

tan pálidos, tus dulces vellos oscuros.

 

Cuadernos de Lolog, 2017

 

LOICAS, CALANDRIAS, BENTEVEOS, RÍO

(fragmento)

 

Atrás quedó nuestro tiempo

y no recuerdo

casi nada con exactitud.

Sin embargo,

cada vez que escucho música,

imagino que bailamos.

 

Lejanas bengalas estallan, 2018

 

 

SÓLO EL VIENTO INCONTABLE SOBRE EL PUENTE

(fragmento)

 

Bajo la luna pintan la calesita.

La espina terrestre de un caballo

como un dorado contrabajo, brilla.

Y los grilletes de los hipocampos

se elevan como densas mariposas.

 

Flor cineraria, 2019 

 

 

PARA LA FOTO NOS SENTAMOS EN EL PASTO GRIS

(fragmento)

 

Los árboles del día en que naciste

en el aire, hijo, se mueven lentos,

incompletos, como fue la rotación

de tu cabeza en el canal de parto.

 

Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder, 2020

 

 

Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz en 1972 y vive desde su infancia en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres (1998), Nosotros No (2000), Cosas dentro de otra cosa (2000), Como segando un cariño oscuro (Argentina|España, 2012), Incombustible (Argentina|España, 2013),  Escribió Dickinson (2014), Klimt (España|Argentina, 2015), Gibraltar (2015), Un cardo ruso (Argentina, 2016|Brasil, 2019), Cuadernos de Lolog (2017), Lavar a la madre (2017), Los budas y otros poemas (2017), Lejanas bengalas estallan (2018), Flor cineraria (2019), Grandes metales oscilantes crujen (2019) y Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder (2020). Su obra ha sido editada en diversos países de Europa y Latinoamérica, incorporada a antologías nacionales y traducida al portugués, al inglés, al italiano y al mallorquín. Se formó en comunicación y semiótica, entre otras disciplinas académicas. Dirige desde 2018 la revista universitaria Ardea (UNVM, Argentina). También es profesora de yoga y meditación.

 



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