06 Ago 2021

197. POESÍA COLOMBIANA. ORIETTA LOZANO

-07 Mar 2021

 

EL SOLAR DE LA NOCHE

 

La noche herida como una flor de hielo que se rompe,

noche que alcanza los brazos de Dios

y hasta parece que las piedras sangran.

La noche huérfana que juega como una niña con sus lamparitas

a alumbrar las tinieblas de las calles, 

solitaria juega implorando una dulce compañía.

La noche titubeante que regresa al jardín de los cerezos,

se vuelve aguja para entrar al hilo de los sueños

y tiene olor a sangre de manzana.

La noche penitente que se encierra en el ático y se hace antigua

tanteando el ángel olvidado.

La noche desollada que cae al vacío como una piedra desamparada

y cuando se hace humana marca las puertas con los nombres olvidados,

retira su máscara y su rostro viejo tiembla.

La noche temblorosa con sus deditos congelados

tirita sobre un frío abrigo en la espalda del dolor.

 

 

PLEGARIA DE LA LLUVIA

 

Atravesé la distancia del afligido puente

palpé mi rostro sobre la luz de los jazmines

recordé el plegarse de mis antiguas alas

y comprendí la luz serena de la melancolía.

A un paso del vacío

la sombra se separa de mi cuerpo

las manos del silencio me reciben,

mi nombre se perderá

en las lágrimas de la lluvia.

Sobre el ocaso del crepúsculo

danzo efímera

dos veces el fulgor de mi dolor.

Con la piedad que cura al enemigo

y la inseparable quietud del silencio

hubo la rendición ante el desgarro,

susurré a mi ángel de la guarda

y esperé en vano el resplandor de su plegaria,

entonces arrastré la melancolía como

un gusano arrastra la luz de sus anillos.

Ante la inmensidad del bosque

una hoja en su magnífico reposo

nos designa la finitud del día.

La dulce espera me despojó del rostro.

 

 

LA RÁFAGA Y EL ESPEJO

 

Yo soy él, el mundo,

el de eclipses y fulgores,

el inmenso, el pequeño.

Ha llegado la hora

en que se guía el carruaje,

en que se derriba el muro.

 

Mezclado con el lamento de un Jacinto,

todo se mueve con el zumbido

de las abejas de la guerra,

confusión de lenguas y horizontes,

temblor del bosque en la huida.

Aquiétame, enmudece mi boca que brama,

detén la andanza de mi decrépita ceguera,

déjame dormir en lo profundo de los sueños,

guíame a las azuladas estepas del abismo,

a la entraña inescrutable del oasis.

 

Yo el mundo, afligido y huérfano,

giro el reloj y lo retengo

sobre el campo del jazmín y el abedul.

en el centro de las aguas prometidas.

Salven al hombre la alquimia de las aguas,

el misterio del espejo y la pupila,

el canto que precede

a la venida de los peces y los vinos.

 

 

ESTRELLAS EN LA NIEBLA

 

Me vestí con el mismo traje de tu muerte,

y tal vez más desquiciada,

queriendo hallar doble recuerdo,

tomé la mano de mi hija

y la ovillé como si fuera un hongo

o una hoja de papel, en la que no alcancé a escribir;

me hundí con ella,

en el leve vapor del horno

que me legaras en la mañana de un invierno.

Cerramos los ojos, y el mundo siguió hurgando,

buscando gusanos de zafiro.

Del cuervo y la multitud te salvo,

Sylvia Plath,

sé que quieres escapar de las promesas,

encontrar tu agua oscura

y venir a mi legítimo silencio.

Yo, Assia Wevill,

esta mañana, he cambiado

la abyecta hora del reloj,

ahora estoy subiendo las escaleras de tu aldea,

¡vamos, Sylvia,

dispárame!

hallarás tus ovejas en la niebla.

 

 

EROS

 

Cien caballos galopando permanecen en mi gruta,

cien caballos desbocándose en mi abismo,

cien señales terribles que me tocan;

el silencio huye y huyen los sonidos,

todo va más allá cuando tu rojo pez

nada en mis aguas

y suavemente se tiende en mis orillas.

Cobra el amor olor a tinta, a mar, a sangre

despeñada de la herida

y el vacío se plaga de un crujir de cuerpos

y tu carne viene a redimir mi verbo.

Tiembla tu luz ya desbocada.

Amor; brota la palabra como un pájaro en delirio,

brota esa luz directa, ese reflejo, ese fulgor

hasta entonces innombrable.

 

 

EL AMOR SUEÑA CON LA LLUVIA

 

Porque te amo llueve,

el tiempo agujerea los espacios

y en la piedra se inscribe una escritura.

Llueve indescifrable movimiento

y una vestidura infinita

viste el corazón y abre una herida.

Ardor que sube entre los huesos

y de la sangre crea un lago

donde se enferman Dios y los insectos,

Dios deja de estar en todas partes

porque en cada parte yo te veo;

delante de él, nos deshacemos, nos diluimos,

nos entregamos vueltos viento, agua y tierra.

Te amo y llueve,

tu movimiento vibra en todas partes,

estupor violento, agitación serena,

delirante reflexión, fijeza que traslada,

señal que se agita en el silencio,

toca y confunde, habla y desvela,

sueño que avanza, retorna,

sujeta y forma

un fuego, un circuito, un círculo perpetuo.

Te amo y llueve,

tu movimiento ondula en todas partes,

esparce por el bosque un soplo,

agita las raíces, brota la palabra

y transfigura el tiempo.

Tú eres todas las cosas,

un lobo, una cadena, una cicatriz, un búho,

el reloj en la indescifrable hora, Dios, el ángel extraviado,

y en cada cosa engendras movimiento.

Algo que no sé discernir

rueda entre mis brazos.

 

 

AZUL CASI PÚRPURA

 

Es la más luminosa forma de la gracia,

penetra la redondez vacía de la nada,

la grácil curva de la piedra,

la hondura feroz de la caverna.

Cubierta con su túnica

larga y extraviada.

Esta vez irá

por los confines

donde no se nombra a Dios.

El azahar de un día luminoso

la ha despertado

bajo el influjo del olvido.

Agua densa de la ira,

irisada agua del deseo,

yerta agua de la luna muerta,

agua circular y vaporosa del pantano

que se fuga y se borra

entre el presagio de un cuchillo;

agua oscura casi blanca

que espera entre las manos,

agua del temor que se esconde

y precipita,

agua de la oblicua culpa,

de la memoria de la espina,

agua sorda sobre el rostro

del silencio,

agua ciega sobre la escritura

del espejo;

agua que lava las heridas,

que repara,

que abraza y configura

la forma de los cuerpos,

el peso de la muerte.

 

 

Orietta Lozano. Cali, Colombia. Libros publicados: Letanía del silencio, La herida de los siglos, Albacea de la luz, Resplandor del abismo, Peldaños de Agua, El Solar de la Esfera, Luminar (novela), Antología Amorosa, Alejandra Pizarnik (ensayo), El Vampiro Esperado, Memoria de los Espejos y Fuego Secreto. Ha sido incluida en diversas antologías nacionales e internacionales, entre ellas: Poesía colombiana, México, Una Gravedad alegre, España, Mundo Mágico, Brasil, Silencio en el jardín de la Poesía, Colombia, Azul casi púrpura, Antología de poetas mujeres, Colombia, Une anthologie immédiate, Francia, Arte Poética, Costa Rica. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés y portugués. Invitada a Francia a la XIII Biennale Internationale des Poètes por la Fondation Royaumont y al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro: Agua Ebria. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro de poesía: El vampiro esperado.

 



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