03 Dic 2021

340. POESÍA SALVADOREÑA. RAINIER ALFARO

-30 Oct 2021

 

LLEGUÉ TARDE A BABILONIA

sus jardines colgantes ya no existían,

sus ventanas y puertas, yacían rotas, abiertas

al vacío, no eran más nada, sus ejércitos invencibles

no estaban, de todos sus reyes, ya no había memoria,

no quedaba más que polvo y ceniza, sangre quemada

ya no había dioses iracundos, en toda la ciudad.

 

No encontré más templos dónde adorar al sol,

llegué tarde siempre, como la húmeda oscuridad

que desciende desde las montañas; en otro carruaje.

Sin embargo, luego encontré, a la luna solitaria,

por casualidad, dibujada en una cueva,

le cantaban en la lengua de los sueños y del agua

su rumor es el fuego de la eternidad

sus adoradores cubrían su rostro coloreado de azul

con arbustos de cáñamo encendían hogueras

cada tarde, para alejarse del estío.

 

Llegué siempre tarde a todo en la vida,

al canto de las aves y el despertar de los faunos,

al surgir de una flor, en la otra orilla del tiempo,

sin embargo, los jardines siguen

creciendo fabulosos y eternos,

el agua recorría otros caminos,

galerías repletas de sonido,

infinidad de pasos hasta la gravedad del vacío,

las vasijas persas y griegas rebosantes de vino,

también rompieron su canto, alguna vez para mí,

el viento sopla, entre la arena, levanta en una tormenta

el nombre de todos los escorpiones de la tierra,

también el fuego de mi propio cognomen

se consume inevitablemente,

pronto seré inevitablemente olvidado.

 

 

LA DISTANCIA EN EL POEMA

no existe, no se nombra, no tiene palabras

rompe su espalda en un potro imaginario

es un pájaro incendiando el firmamento

la distancia entre un beso y el sol es sueño

de-construye los escalones del aforismo

lleva un espejo inverso entre cada palabra

el poema surge como lluvia tardía

es apenas el color amarillo, en una flor

la sed surge en cada paso, en cada eco

Soy el hijo de un pez milenario

que abre sus ojos frente al fuego

las salamandras corren

velozmente a las sombras  

las amapolas huyen de sí mismas

llevo mis bolsillos repletos de ópalos

para vencer tormentas

 

 

EL AGUJERO NEGRO

es un pájaro muerto

sigue creciendo bajo mis pies,

espejos rotos en color lila,

una tormenta de libélulas

aguarda en tu espalda,

regresa cada noche,

en forma de espiral,

dibuja la forma de los tejados

de las paredes y ventanas

en una ciudad a oscuras

Todo nombre es un laberinto

para navegar sin corazón.

 

 

ESCUCHO CRUJIR LA MATERIA Y SUS MOLÉCULAS

los cristales del espejo son un laberinto

son escarcha y amapolas en tu boca

mis nudillos sangran, ópalos y cuarzos

mis dedos hechos jirones, olvidan su nombre

imitan la forma del viento, entre las ramas de un árbol

pájaros fantasmales deambulan por tu cuerpo,

en el tejado buscan refugio entre los ventanales

inician una hoguera solitaria para calcinar

cada palabra crepuscular, contra mi pecho

mis ojos son ventanas rotas y dibujan montañas,

que se ahogan en un pozo de luz violeta

hay un remolino de sombras en creciente

que acechantes vienen tras mi nombre

soy uno que no debo, un hombre invicto

que perdió la hora, el paso, el anonimato

 

 

DEJEMOS ABIERTAS TODAS LAS PUERTAS,

que hablen nuestros cuerpos,

no son necesarias las palabras,

vamos a encender una hoguera,

entre nuestros labios

a navegar un oleaje follajes y espuma

la luz se dibuja intensa, ardiente llama

contra nuestra carne.

 

 

HE ROTO TODOS LOS CERROJOS DEL TIEMPO

he leído sobre espejos y amapolas

he soñado y disfrutado en silencio

el blanco delirio contra mis fosas nasales

contra mi marcha lenta e invernal  

Pequeña constelación de geranios

dibujando tus caderas

en el alejado jardín de nuestros cuerpos

Es nuevamente el tiempo

de dibujar escarabajos en la pared

 

 

UNA SALAMANDRA ROJA VIENE 

hasta el alfeizar de mi ventana,

me observa, me llama hermano,

forma una nebulosa

con su lengua milenaria,

con su aliento de mandrágora

recorre lentamente, las sombras y la luz

cada una de las líneas de mis manos

dibuja con fuego nuevo la marea propicia

cada uno de sus movimientos

son tiempo y espacio sin fin,

el trazo exacto de una órbita sideral,

desde la distancia exacta del poema

toda mi piel y mis manos,

ahora son un ciclo lunar

cada destello, crece en intensidad lumínica

el humo del copal se eleva hacia la eternidad

como un jaguar que asciende la montaña

mi conciencia, se eleva, viaja de pronto,

entre arboledas de antiguos nombres

los sentidos se sobrecargan,

el nirvana abre sus puertas y avanza

sueño recurrente que olvido todos los días.

 

 

Rainier Alfaro Bautista (El Salvador, 1974). Miembro fundador de TALEGA. Durante algún tiempo mientras vivió en Honduras, ejerció la docencia universitaria en el área de literatura. Además como facilitador y gestor cultural codirigió Talleres de Creación literaria para niños y jóvenes en la "Escuela Mágica" labor que dio como fruto la publicación de carácter único de las antologías La memoria del viento, Habrapalabra, La Libélula y Tragapalabras. Fue el Director general del FIP "El turno del Disidente" en Honduras, desde el año 2011 hasta el año 2013. Vice-presidente de la Asociación Cultural ¨Trilce¨. Fue miembro de ASALHON (Asociación de Salvadoreños hermanos por siempre residentes en Honduras). Ha participado en los festivales internacionales de poesía de Xelá en el 2010 (FIP), "El turno del Ofendido" en 2009, 2011 y 2014; participo en 2017 en el festival mundial de poesía 100 voces con Monseñor Romero en El Salvador. En 2014 copilo la antología de poetas de los pueblos originarios de Honduras En la quietud de los altares publicada por Metáfora Editores de Guatemala como parte del proyecto internacional “Poética”.



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