01 Feb 2023

132. POESÍA ESTADOUNIDENSE. ROBINSON JEFFERS

-28 Feb 2022

 

NOCHE

 

La marea resbala por la roca, las rocas

Hundidas en la corriente levantan sus hombros chorreantes

Entre el agua mansa, el lento Oeste

Va apagando su antorcha; a lo lejos,

La luz de un barco se muestra débilmente

Sobre el peso del océano inclinado

Entre las nubes bajas.

Sobre la oscura montaña, sobre el oscuro bosque de pinos,

Por el largo valle oscuro que va junto al río mermado,

Regresa el esplendor sin rayos, el brillo de la sombra,

Que trae la paz, la matriz de todo el brillo que además aquieta

al brillo.

Donde la orilla se ensancha en la bahía ella abre oscuras alas

Y el océano acepta su gloria. Oh alma que a ella venera

Vos como el océano tenés profundidades donde ella siempre

habita,

Y la tela de olas que recibe al sol también a ella

La recibe, con más amor. Los amantes del sol tienen un rubio

favorito,

Un padre de luces y ruidos, guerras, sollozos y risas,

Ardiente labor, lujuria y deleite y las otras faltas. De ella,

De su fuente más profunda, fluye la quietud; y él morirá; y ella

es inmortal.

Lejos de aquí los esbeltos

Rebaños del bosque montañoso

Se mueven entre los troncos que asemejan torres

De viejas secuoyas hacia la corriente,

Ni una ramita cruje; y sumergen tímidos

Hocicos salvajes en el agua de la montaña

Entre los oscuros helechos.

Oh apasionadamente en calma, vos tan segura perdonarás

Las blasfemias de los cocuyos, la lámpara de mi torre, la

irritabilidad

De las ciudades, las teas de los planetas, el orgullo de las

estrellas.

En esta noche de agosto, entre la grieta de una nube enrojece

Antares,

El grandioso, la antigua antorcha, todo un señor entre niños

perdidos,

La órbita plegada de la tierra no ceñiría su grandeza, un fuego

Convertido en globo, enorme más allá del alcance de la mente;

pero a vos, Oh Noche,

¿Qué? ¿Ni un chispazo? De qué parpadeo de destellos en el

 tenue y lejano resplandor

De un perdido incendio en el desierto se alejaron los beduinos

 como carbones opacos

De una fosa de arena... Ah, canto de oración, ¿tentada por qué

abismos te hallarás

De repente más perdida? Sea para nosotros la cercana montaña

 la medida de la

Altura, el risco gastado por la corriente en la entrada del mar la

medida de la persistencia.

La marea, que con solitarias voces

Mueve la vastedad de la noche,

Voltea, el profundo Pacífico

De oscuro brillo se reclina sobre la tierra,

Sintiendo su fría fuerza

Hasta los márgenes extremos: Vos, Noche, abarcarás

Las estrellas a tu tiempo.

Oh apasionadamente en calma, ¿cuándo subirá esa marea

hasta la orilla?

En verdad las borbollantes fuente de luz, Antares, Arturo,

Cansadas de su fluir, entonan una canción, pero piensan

el silencio.

Orión, el gigante del invierno con sus largas zancadas, brilla y

sueña oscuridad.

Y la vida, el aleteo de los hombres y las polillas y el lobo en la

colina,

Aunque furiosa por la persistencia, que alimenta

 apasionadamente, que apasionadamente

Se rehace a sí misma sobre sus parejas, recuerda en lo

profundo de su ser

La serena madre, la quietud del vientre y el huevo,

Los primeros y los últimos silencios: querida Noche, son

profecías

De la memoria, profecías que recuerdan, el encanto de la

oscuridad.

Yo y los míos estamos dispuestos a amar de corazón los años

Venideros; pero como un marinero ama el mar, cuando el timón

 lo lleva a puerto.

¿Han cambiado las mentes de los hombres,

O han salido a la superficie las rocas escondidas

En la profundidad de las aguas del alma? Tras unos pocos

Siglos, ninguno se atrevió a poblar

Con arpas y habitaciones la oscuridad más allá de las estrellas,

Pero ahora, la verdad nos es querida. La vida se ha hecho más

dulce y solitaria,

Y la muerte no es un mal para nadie.

 

 

POST MORTEM

 

La gente feliz muere entera, se disuelven todos en un instante,

han logrado lo que querían,

Nada de duros obsequios; los infelices

Consumen un espacio, pero el dolor es algo que con gusto se

olvida; pero a uno que ha dado

Su corazón por una causa o un país,

Puede seguirlo su fantasma por un rato como un perro servil,

desconsolado de verlo. Me pregunto por cuánto tiempo más

Permanecerá el espíritu que derrama este verso

Una vez que los orificios nasales estén helados, cuando el

cerebro se pudra en su bóveda o hierva en la violencia del

fuego

Para ser ceniza en el metal. Estaba pensando

En que algunos tallos de la madera cuyas raíces uní en

matrimonio con la tierra de este lugar seguirán erguidos por

cinco siglos;

Yo sostuve las raíces en mi mano,

Y, entre dos dedos, los troncos de los árboles: ¿cuántas remotas

generaciones de mujeres

Beberán gozo de los riñones de los hombres,

Y se reirán ahogadamente de mi fantasma, arrastradas de entre

 los muslos de qué madres, cuando este maldiga a los

 hacheros,

Impotente voz gris en el viento marino,

Cuando caiga el último tronco? La abundancia de las mujeres

habrá edificado techos sobre todo este promontorio;

Habrá enterrado los cimientos rocosos

Que yo coloqué aquí: la exuberancia de las mujeres se agriará y

cederá a su tiempo y, como nubes, las casas

Se desmantelarán, el granito original

Se levantará entre los cúmulos: Vení, tormenta, y lavalo todo: el

estuco se ha corrido hacia el mar y el acero

Se ha herrumbrado; el promontorio retoma

La forma que amamos cuando lo vimos. Aunque alguien de

muy lejos al final del tiempo

Haya de encontrar mi presencia en un poema,

No le importará a mi fantasma otra cosa que estar aquí, una

larga sombra crepuscular en las vetas del granito, y un

espíritu para la piedra

Cuando ya la carne haya sido olvidada.

 

 

NUBES AL ANOCHECER

 

Enormes montañas de nubes formadas sobre Punta Lobos y

hacia la puesta del sol,

Figuras de fuego en los muros de esta noche tormentosa,

Espuma de oro en barrancas de fuego, y la gran hilera de

ángeles guerreros:

Sueños que se juntan en la coagulada mente de la tierra,

El cielo bóveda de la mente, en el umbral del sueño: pobre

 tierra, ¿creás vos los sueños igual que esos hijos tuyos

Torturados por deseos excesivos?

Tormentas más enormes, guerras más nobles, montañas más

tambaleantes, aguas más enjoyadas, fuegos más

Libres en promontorios imposibles... igual que una pobre

muchacha

Que desea a su amante más alto y más deseoso, y a sí misma

 crinada de oro,

Sueña bien al mundo, en la cama fría, cerca del amanecer.

Los sueños son bellos; los esclavos de la forma son bellos

también; yo he llegado a creer

Que una piedra es mejor almohada que muchísimas visiones.

 

 

PELÍCANOS

 

Cuatro pelícanos pasaron sobre la casa,

Cinglaron sus gastados remos sobre el patio: vi cómo el

desgarbo

Magnifica la idea de la fortaleza.

Una algazara de gaviotas les siguió en ascenso; delgados yates

del elemento,

Crecidas naturales del cielo, con razón

Tienen alas livianas para salir del mar; pero esas cargas

solemnes se mueven con afán, y son poderosas,

Y las alas partidas por viejas tormentas recuerdan

El cono del que cayó la más vieja secuoya, el ladear de

continentes,

El día del dinosaurio, el ascenso de nuevas orillas marítimas.

El espíritu recurrente sostiene también a lo nuevo con lo viejo.

Nada en absoluto ha sufrido erosión.

Hay vida que no es de nuestro tiempo, que considera a los

cuerpos desgarbados

Tan bellos como la gracia de los caballos.

No se cansa con nada; mira los aviones; mira los pelícanos.

 

 

NOCHE ENCAPUCHADA

 

De noche, hacia el amanecer, todas las luces de la playa han

muerto,

Y un viento se mece. Se mece en la oscuridad

La durmiente potestad del océano, que no es más bestial que

humana,

No admite comparación; sí misma y sí misma.

Su aliento soplado hacia la orilla confunde al mundo en una

niebla; ninguna estrella

Baila en el cielo; ninguna luz de barco fulgura.

Miro los pesados cuerpos de granito en las rocas del

promontorio,

Que ya eran antiguos cuando Egipto aún no tenía pirámides,

Los veo abultarse en el gris del cielo, y más allá de ellos los

 brotes de los árboles jóvenes

Que planté el año de la paz de Versalles.

Pero aquí está la paz final sin ridículo. Antes del primer

hombre

Hubo aquí piedras, el océano, los cipreses,

Y la pálida región en el domo de la niebla, rugoso como piedra,

donde la luna

Cae sobre el Oeste. He aquí la realidad.

Lo demás es un episodio espectral; una vez que los solaces

Del animal inquisitivo se aquietan: la oscura gloria.

 

 

REFLUJO PONIENTAL

 

El océano no había estado tan tranquilo en mucho tiempo;

cinco garzas nocturnas

Vuelan sin voz a lo largo de la playa en la quietud del aire

Sobre la calma de un reflujo en el que casi reverberan sus alas.

Ha bajado el sol, y ha bajado el agua

De la roca cubierta de algas, pero un muro de nubes se alza a lo

lejos. El reflujo murmura.

Grandes sombras de nubes flotan en el agua opalina.

Entre resquicios en el telón del mundo un oro pálido fulgura

y la estrella

Poniental de repente se desliza como una antorcha en vuelo.

Como si nosotros no hubiésemos debido verla; ensaya para

Otra audiencia tras la pantalla del mundo.

 

 

FUEGO EN LAS COLINAS

 

Los ciervos saltaban como hojas llevadas por el viento

Bajo el humo frente a la ola rugiente del incendio en la maleza;

Pensé en las vidas más pequeñas que quedaron atrapadas.

La belleza no es siempre adorable; el incendio fue bello, el

terror

De los ciervos fue bello; y al regresar yo

Bajando por las negras pendientes cuando el fuego ya se había

extinguido, un águila

Estaba emperchada en la horquilla de un pino quemado,

Insolente y engullida, encubierta en los tumultos doblados de

sus hombros.

Había venido desde lejos buscando buena caza

Para que su vencedor, el incendio, condujera el juego; el cielo

era de inmisericorde

Azul, y las colinas de inmisericorde negro,

El gran pájaro de sombrío plumaje soñolientamente

inmisericorde entre ellos.

Pensé, con dolor, pero con la mente plena,

Que la destrucción que trae un águila del cielo es mejor que la

misericordia.

 

Traducción de Gustavo Adolfo Cháves

 

 

Robinson Jeffers (Estados Unidos 1887 - 1962). De joven recibió una esmerada formación clásica en su país natal y en Europa.   Con el paisaje californiano como telón de fondo y una radical visión del mundo tributaria del pensamiento de Nietzche y de Freud, y que él llamó “inhumanismo”, Jeffers renovó la tragedia griega y puso la costa Oeste norteamericana en el mapa de la poesía lírica de su tiempo.  Cobró fama por sus adaptaciones del Agamenón de Esquilo y la Medea de Eurípides, lo mismo que por sus violentos y provocadores poemas narrativos como Tamara, El semental ruano y Las mujeres de Punta Sur.  Murió en California en 1962.

 



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