09 Dic 2022

463. POESÍA MEXICANA. EDUARDO CASAR

-23 Sep 2022

 

NOCTURNO DE LA NOCHE

 

Yo no sé cómo pero sí me parece

que todos se pusieron de acuerdo

para dormir de noche, qué animal,

qué consenso, qué forma de agacharse

porque ya se va el sol, el solo padre Sol,

el encendido sol autorizado.

 

Las ventanas se cierran, las persianas,

los cuerpos se conjugan con la horizontal

con las ropas más flojas, los ropajes,

sin que a nadie le importe despeinarse.

 

Pasan pasos, se duele una sirena,

alguien grita, aterrizan aviones.

 

Pero la sociedad está de acuerdo,

porque la nada ha llegado a un consenso.

 

Durante algunas horas no hay partidos.

Los ladrones trabajan para los veladores.

Los excusados no quieren ser jalados.

No hay oleaje en el mar y solamente oscila

una raya de espuma centinela.

 

Las maestras no enseñan.

 

Niágara disminuye

el volumen de su agua.

Mueren muchos insectos.

Los muebles cambian

sus bisagras y sus fisonomías.

Ciertas especies se están reproduciendo

con movimiento de consola de atari.

 

Con la falta de luz con que la noche abriga

la falta de conciencia colectiva

suceden otras cosas que nadie sabrá nunca.

 

  

DIOSITO ES UN FOTÓGRAFO CANDENTE

 

¿No deberíamos de intercambiar algunas partes?

Yo,

las que salen sobrando. Y tú,

esas dos que también.

 

Tenemos el derecho de tomarnos a pecho

con lo de enfrente en alto,

arrodillados ambos, o alternativamente.

 

Y si me das la espalda yo tendré que asumirlo

humildemente y sólo con laderas,

con las velas abiertas,

con el ancla en el aire, sumergidas.

 

¿No deberíamos

de gritarme mi nombre aunque yo no esté lejos

y yo gritar el tuyo

mientras invoco a Dios aunque no crea en nosotros?

 

¿No deberíamos de conocernos más

y más abajo, a los lados, arriba,

no dejar que el espacio nos ocupe por fuera?

 

Porque ya ves que luego viene el tiempo y nos mata.

Y entonces no hay derecho.

 

 

CIENTÍFICAMENTE HABLANDO

 

Qué larga y qué apretada tristeza genera la distancia

cuando los puntos que une y que separa

su línea imaginaria

tienen ambos

una intentada sed enferma de juntarse,

pero no pueden, no pueden y se quedan

como dos polos casi equidistantes

cada uno en el otro

                             lado del mismo mundo.

 

Y es por esa tristeza tan desnuda que

la Tierra está girando:

qué leyes ni qué fatales leyes universales,

qué prisionera sangre

como una sola tela de seda desgarrada.

 

 

EL GUERRERO INVERSO.

 

Nunca me he peleado, pero siempre

           me he peleado.

 

Nunca he sido golpeado con un puño en la cara.

pero he golpeado caras con puños de palabras

(que me perdonen todas las palabras

Inclusive el plural de la palabra puño).

 

He tenido ciertos dolores blancos

y de color arena pero nunca

el dolor de una queja. No me quejo

de ronquido ajenos y nunca

he creído por completo que ronque.

 

El silencio no

me hace daño.

Ni el hambre,

Ni el baño.

 

 

Nunca he tomado trago

porque tenga sed.

Sí he tenido sed

pero sé que la tengo cuando la voy saciando,

siempre en gerundio: nunca

he logrado saciarla. Algo de sed

siempre se ha quedado.

 

Como la vida, el mar me gusta

para verlo y pensarlo, no para entrar.

 

Hasta la fecha nunca he podido

dejar de estar vivo.

 

 

Eduardo Casar (Ciudad de México, 1952) es doctor en letras y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.  Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos: Noción de travesía, Son cerca de cien años, Caserías, Parva naturaHabitado por dioses personales; uno de cuentos para niños y una novela. Ha conducido varios programas radiofónicos y es co-conductor del programa de televisión La dichosa palabra, del canal 22. Premio de Poesía Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, en 2009. Premio Universidad Nacional 2015 en el área de Creación Artística y Difusión de la Cultura.

 



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