24 Jun 2024

518. POESÍA NICARAGÜENSE. MARÍA MERCEDES ANDARA

-06 Jun 2024

  

NYPR: SERIE FIP GRANADA VIVE

presenta a 

María Mercedes Andara

 

Curaduría:

Gloria Gabuardi

y

Francisco De Asis Fernández 

 

 

UN CHARCO AGITADO ESPERA SU CALMA

 

Una madre busca los restos de sus hijos,

recorre caminos angostos y kilométricos

por aire, mar y tierra.

La tierra guarda sueños inconclusos,

huesos insepultos, sangre de su sangre.

La persigue la muerte con incandescente luz.

La deuda kármica es una bomba de tiempo:

Tic tac

Tic tac

A mi vera, un charco agitado espera su calma.

A su vera, una luciérnaga taciturna acompaña mis desvelos.

Dios, no te escucho.

¿Me escuchas tú,

a mí?

 

 

SELLAR LAS CICATRICES CON VENDAJE COLOR PIEL

                                                           

               

En cada corazón hay un rincón de soledad,

que nadie puede alcanzar.

ALBERT CAMUS

 

 

Pasa la niebla gris por el viejo barrio,

la vieja casa azul añil.

El saludo y el adiós de los antiguos vecinos

quedó entre sus paredes,

entre el exultante aroma que viene

de todos los adentros.

 

Los bultos silenciosos de los zombies,

en plena calle y a plena luz,

perdieron su modo de protestar.

Los artífices de las guerras encontraron

el nuevo modo de ganarla.

 

Volver, sombras nada más.

Quitarles el habla, doblarles sus sueños,

hasta volverlos herrumbre.

Cerrar sus ojos, sellar las cicatrices

con vendaje color piel.

 

Un sonido gutural flota entre la bruma,

un cenzontle se estaciona

en el copo de una secuoya de 300 años.

A una heroína anónima, experta en su lectura del mundo,

le brilla su diente de oro en un intento de sonrisa.

Le arde la venganza muda en sus entrañas.

Intenta saltar el tiempo de espera,

sin soltar un ramo de girasoles

en su mano izquierda.

 

¿Dónde encuentra otra vida?

Sin legado, sin fortuna,

un cuenco repleto de lágrimas

y su pasado en una bolsa de plástico.

 

Vestida con un velo gris,

la rabia carcome la tierra.

 

La campesina del diente de oro

aún se pregunta si realmente vivió.

Anochece y un ruido de chicharras

taladra mis sentidos.

 

 

EN LOS PELDAÑOS DEL HORIZONTE

 

 

Hay heridas que en vez de abrirnos la piel

nos abren los ojos.

ANÓNIMO

 

En el brillo de un día solemne,

un elefante escucha un piano

a la vera del Río Chiquito.

Mi perro canta porque aprendió a llorar.

La vecina de mirada soluble engulle la vida,

guarda el instante cumbre en su reloj.

Esconde su espiral de miedos

tatuados de espinas.

 

El éxodo a través de la selva

traga los cuerpos sin nombre.

Las sombras se asoman

detrás de los árboles.

El clima azota despiadado

a la inconsciente humanidad.

En ciudad deshabitada el eco silba,

repite las iniciales

de los niños desaparecidos.

 

Un olvido futuro corre

por las venas de la indiferencia,

talla en mármol los nombres

de los sueños inconclusos.

La infancia va con prisa

por jugar y reír

en los peldaños del horizonte.

 

 

EL FUEGO GRITA TU NOMBRE

       

 

Dentro de mí las cicatrices

En las que deletreo

Arduamente tu nombre

ROSARIO CASTELLANOS

 

 

El fuego roza las nubes del horizonte,

grita tu nombre con rabia.

Por el desierto, los caminantes

van en la cuerda floja,

guardan equilibrio

para no caer al precipicio.

Son maromeros sin ser trapecistas.

 

La lluvia de la tarde apacigua el sopor,

las dudas persiguen la confusión

en pleno desfile de las heliconias

en su primer bautismo.

 

Los caminantes maromeros despiertan,

ya no hay nada frente a frente.

Nada a que asir el músculo bombeador de sangre.

No caen ángeles y piedras de oro del cielo,

solo queda

el olor a carne quemada,

una brisa de lágrimas,

y una pizca de sal.

 

 

UN DESPLIEGUE DE RAZONES.

  

 

En el corazón tenía la espina de una pasión,

logré arrancarmela un día: ya no siento el corazón.

ANTONIO MACHADO

 

  

Atravesar ocultas olas,

romperme en su vaivén interminable,

detener el inexorable tiempo.

Hacer un recuento de voces incrustadas

en las venas,

enfrentar mi silueta de manzana

a las miradas despreciativas

de mandíbulas flotantes

y tratos ásperos.

 

Curtida de sol, espinas y hambre,

avanzar entre cruces

con la perennidad del vacío.

Asumir una joroba adoptiva,

imposible de soltar.

 

Una jerarquía inconmensurable

del dolor reprimido desde el punto cero de la vida.

Continuar el viaje con garras de acero,

hacia lo sagrado o lo profano,

hacia un lecho cósmico

de una probable vida soñada.

 

Sin encontrar las riendas

en la jungla de cristal.

 

 

CRECER COMO LA HIEDRA  

 

Crecer como intrépida hiedra,

aferrar los dedos, enterrar los pasos.

Un incierto devenir, una incesante búsqueda.

 

La muerte, con su bata de cola azul,

camina serena tras una mujer.

Ella corre de la agonía del adiós,

deja pétalos a la luna para recordar su origen.

 

Caracoles para no perderse,

juntar sus momentos, escuchar Candilejas,

olvidar los abrojos,

en la sencillez de los segundos,

aquel tiempo dorado en los murmullos de la Floresta.

 

Lleva consigo los secretos del rocío,

la vieja máquina de escribir de sus padres,

su manojo de poemas de amor en su mano izquierda,

tréboles que cuentan milagros.

 

Y si es posible,

volver a los primeros pasos de la cuna,

el colocho en la frente,

el camafeo de algún antepasado,

la primavera en su otoño.

 

Porque toca,

por vieja,

por olvido.

 

 

María Mercedes Andara (Chinandega, Nicaragua). Poeta, psicoantropóloga y artista de la danza flamenca. Es la directora fundadora de la compañía Flamenca Gitana del Alma. Egresada del Laboratorio de Novela (2022-2023) en Nicaragua, actualmente es estudiante del Laboratorio de Poesía Iberoamericana en la Ciudad de México (CDMX). Ha sido invitada al Segundo Encuentro de Poetas Iberoamericanos en CDMX y ha contribuido a la Antología de Poetas de Iberoamérica y a la antología de cuentos del Laboratorio de Novela en Nicaragua. Entre sus obras publicadas se encuentra Flores Incómodas.

 



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