06 Ago 2021

1. POESÍA CHILENA. VICENTE HUIDOBRO

-12 Jun 2020

Gracias a la generosidad de la Fundación Vicente Huidobro y de Revista Altazor, publicamos algunos textos del autor de Ecuatorial. Asimismo, la figura colosal de este poeta latinoamericano,  inaugura Nueva York Poetry Review, una ventana para las voces vivas de la poesía en lengua española, pero también una casa permanente para los poetas esenciales de nuestra tradición.

 

Cinco poemas en prosa de El ciudadano del olvido (1941)

 

 

UN RINCÓN OLVIDADO

 

Pañuelos y adioses para los enfermos en sanatorios de nieve.

Ventajoso desierto de los reyes. En la Europa Oriental los votos de los monjes y los dínamos son afiches de plazas populosas.

Los potros del circo galopan sobre los sentimientos indeseables. En magnífico estado el milagro de las situaciones especializadas, la tempestad cargada de echarpes como los inviernos en Suiza.

Controlad la geografía y decidme en dónde está la muerte electrizada, en dónde está la Tierra Prometida.

A través de tantos jardines de ecos la ternura acumula sus programas. La temperatura cambia sus probabilidades sobre la inmensidad azul.

Panorama de flor único en el mundo y sol reputado como los oradores de moda.

Lobos a la mejor interpretación universal perseguidos por las noches sin clemencia como los sacudimientos sísmicos de las neuróticas.

Cambio de paloma en el cielo.

Regalos para mañana y premios de matches o carreras de accidentes. Reparad la mandíbula para decir: te amo.

La mujer que tiene su cascada de perfumerías como la miserable sentada en un pequeño jardín del aeródromo, sólo son una instalación de trampas de sábana, una Féerie adecuada a la felicidad como colonia en viaje sobre mares de pulpos, como recuerdos en música de neblinas.

¿Vidrieras de informaciones, qué me decís de la estación nevosa? ¿Qué me decís de la gruta del monje en donde se oye el ruido de un pájaro que picotea el huevo para salir? Y más allá se oye el mar que picotea al cielo para alejarse de nosotros.

Vivamente extinguido el temblor, quedaron sobre el orbe los dos marineros de porcelana y sólo muerto el carcelero de Tierra Nueva tras los vidrios de un iceberg bajando lentamente al Ecuador.

 

 

VAGABUNDO

 

Convoy de mundos y lenta descarga de olas, descarga de sus olas sobre los caminos del volcán o las playas del planeta que aúlla tras una aventura.

Canto y cataclismo de flor en la montaña.

Torbellino desesperado en un vuelo de palmeras sobre el universo bostezando hacia el otro lado.

Cuando se abra la llaga de las puertas me alejaré de vuestro abismo. Sepulcros agrupados de frío como constelaciones sin luz, como rocas de leones calcinados.

Ebrio voy sobre el barco de rumores bajo este rocío voluptuoso. Prisionero de un hambre que se ahonda. Enfermero que se liberta de la suerte y de los lazos de las murallas en delirio.

Sin reposo en el pecho porque la nevazón del alma estupefacta vuela en espigas adivinatorias, gotea locura desde sus altas hojas.

Soy graznido galopando sobre los naufragios del horizonte que se estira y convierte el tiempo en una culebra al atardecer.

Vagabundo en gestos de silencio. Signos de temperatura, la soledad de la violencia espanta al anciano en su trozo de cielo cuando las lejanías hermanas del salvaje muestran su deseo ardiente de una abstracta esperanza.

La dureza del aire es la frontera, la última frontera hierática como un vidrio. Más allá los paisajes de la meditación en actitud de entrañas que aguardan. 

 

 

MÁS ALLÁ

 

Aullido a la noche de todos los sepulcros como semillas que abren las ventanas de su dolor.

El aerolito ilumina la montaña al fondo del tiempo, pero no hay cataclismos de lo obscuro ni volcanes de voz de trecho en trecho. Un convoy de horizontes se lleva la vida, se aleja con la vida cubierta de árboles y de gestos ingenuos.

No pasará el vagabundo hipnotizado por la muerte sobre el camino abstracto, ni se abrirán las puertas del naufragio. ¡Tanto miraje para engañar incautos y atar el crepúsculo con el amanecer!

Tú me amas y éste es un hecho real como el galope de culebras que siento en mis espaldas cuando tú me miras. Lo demás son graznidos recónditos, aullidos del abismo negro que detesta el sol y corrompe los días que se caen en él.

Un silencio se agranda hasta tocar el cielo cuando me rozan tus manos y entonces empieza el camino que se aleja.

Cúbrete entre tus pieles y esconde la cabeza al salir fuera del tiempo.

 

 

IRREPARABLE, NADA ES IRREPARABLE

 

La muerte que no admite que la sigan, la inauguración de la tormenta, la primera sonrisa del viento, todo lo que angustia como la eternidad, todo lo que se rompe en el infinito, la frase huyamos juntos colgando del abismo y rompiendo los puentes tras de sí.

Eso es todo, eso es todo.

Y luego una mirada partida en dos y un hombre entre la vida y la muerte, porque nadie comprende, deja caer el tiempo por sus largos cabellos, sus cabellos tejidos de melancolía y de recuerdos.

Sus ojos hermosos amargos como el espacio dicen: Nada me importa, nada deseo, todo lo he visto, todo lo he vivido.

Horror.

Viejos astros de las admiraciones, plantas de los encantos que salían de su boca y perfumaban los destinos, espirales de vértigo de sus besos pesados de naufragios… y gritar de repente desde la última cumbre: ADIÓS.

Y entonces alejarse envuelto en una capa de huracanes. Huir del pensamiento, dejar atrás la agitación limitada de los hombres y esconderse en la guarida de los pájaros del silencio, allí donde sólo reinan los mil reflejos de la soledad.

Huir de sí mismo y de las trampas que nos tienden nuestras propias alas, saltar al vacío del más avanzado promontorio de las quimeras.

Huir. Desenredarse de sus arterias y huir de sí mismo, huir de sus huesos.

En el postrer aliento queda una palabra por nacer enterrada ya en sus ilusiones, dejando apenas una estela de suspiros, y en la última lágrima hay un ángel que se ahoga sin ni siquiera pedir socorro.

No he sido avaro de mi vida, ni fui avaro de mis naves de lumbres. No he regateado las descargas de mi corazón, ni la electricidad de mis pupilas.

Comprendido habría sido muy otro. Pero no pudo ser, acaso no debió ser.

Mi avión aterrizó siempre sobre los arrecifes donde aguardaban las manos temblorosas tendidas a la angustia y puedo decir, magnífico de orgullo, que muchas veces bajé cargado de ilusiones de Pascua y vacié mis sacos de luz en las faldas de los niños encanecidos de desaliento.

Ahora soy un fantasma de invierno parado en la puerta de los siglos y puedo volverme y gritar antes de pasar el umbral: Ninguno de vosotros ha tenido una vida más bella, ni un cielo más hinchado de estrellas, ni tantas auroras de entusiasmo vertidas por los dioses. Ningún labio conoció más palabras divinas de fiebre, ningún oído escuchó tales temblores de delirio.

Ahora soy un fantasma de nieve, un sembrador de escarcha. Pero volveré trayendo en la frente el sudor de las nubes. Prosternaos vosotros los que no habéis pisado jamás el horizonte.

Ahora soy el fantasma que huye vestido de grandeza y de dolor.

¿Pero mañana?

El mañana es mío. Será mío otra vez como el destino inapelable de la luz, como el terciopelo de los besos que miden la eternidad.

Y un día habrá un pañuelo entre dos estrellas y será el adiós definitivo.

Entonces dirán: Llevaba en sus ojos la piedra filosofal, y muchos viajeros reconocerán otra vez las huellas pesadas bajo el fardo de los tesoros astrales.

Y volverá a dar vueltas el anillo del caos… Cumple, cumple tus destinos y los impulsos de las leyes de atracción. Sigue la voluntad celeste y deja alejarse las mariposas y los barcos como canastos de luz hacia los faros del desastre.

 

 

DE VIDA EN VIDA

 

Hermoso paraíso de salud, dínamo del verano representando su descarga de música cuando el rey atraviesa el océano universal.

La neblina se acomoda como una instalación de mujer oriental sin sabor a Europa ni porcelana. Hace frío, es un invierno frío como una menta. Flor de carácter un poco triste, flor en peignoir de seda, más hermosa que el vestido de las tempestades, más deseable que el iniciador, que aquel que entibia con su corazón el invierno de tu piel blanca, tu piel todavía ignorante como un cordero de ojos de querubín.

Ya conocerás el sacudimiento sísmico de las arterias y los gemidos propulsados desde el fondo de las entrañas que se vuelan entre dos bocas mortales… el día en que yo abra para ti la féerie de mi ciencia.

Todas las hélices del aeródromo de tu alma girarán locamente. Tú conocerás los secretos de mis jardines, la situación perfecta de la sombra agotada bajo la avenida de las pestañas. Los hermosos pulpos mojados nadan detrás de las lágrimas de los marineros.

Tras la vitrina de los ojos tú verás mi alma que estalla en luces desconocidas. Y verás qué pura es a pesar de lo que te digan.

El fabulista cotidiano miente por falta de imaginación.

Nada importa nada, sino este cielo nuestro bautizado por tus ojos, este cielo íntimo, pequeño entre dos palomas… colonizado por dos arrullos.

Yo te haré ver tu propio sol interno y te enseñaré a llamar por su nombre tus satélites a través del panorama de ecos azules como el paraíso de los caracoles esmaltados.

Iremos por la vida con la vida a cuestas.

Sentirás la angustia de la garganta cuando reparan el rebaño de lobos en pana.

Pero yo sabré protegerte bajo mi mirada más enardecida que una bandera. Y podrás reposarte ¡al fin a la sombra de mi canto!

El milagro tiembla como una tela de sol. Y yo digo adiós. Adiós. Sultana especializada en el amor lento, lento como los adioses del sol.

¿A qué los laboratorios y las geografías de la pasión? Mi sangre conoce mucho más y nadie ha alcanzado aún la temperatura de mi mirada.

¡Ah mi alma! Eléctrica ternura, acumulador de los siglos hasta el fin del hombre. Si hubieras comprendido, jamás se habría alejado.

Si hubieras visto el color de sus alas la habrías amado y nunca habrías sido hostil ni desafiante. Es tarde ya, pues el motor en marcha tiene el ritmo de la tormenta.

Yo soy el capitán de navío que busca una isla perdida como la muerte.







Compartir