24 Jul 2021

11. POESÍA BRITÁNICA. JOHN KEATS

-01 Ago 2020

 

 

ODE TO A NIGHTINGALE

 

My heart aches, and a drowsy numbness pains

My sense, as though of hemlock I had drunk,

Or emptied some dull opiate to the drains

One minute past, and Lethe-wards had sunk:

But being too happy in thine happiness,—

That thou, light-winged Dryad of the trees

          In some melodious plot

 Of beechen green, and shadows numberless,

 Singest of summer in full-throated ease.

 

O, for a draught of vintage! that hath been

Cool’d a long age in the deep-delved earth,

Tasting of Flora and the country green,

Dance, and Provençal song, and sunburnt mirth! 

O for a beaker full of the warm South,

Full of the true, the blushful Hippocrene,

With beaded bubbles winking at the brim,

And purple-stained mouth;

That I might drink, and leave the world unseen,

And with thee fade away into the forest dim:

 

Fade far away, dissolve, and quite forget

thou among the leaves hast never known,

The weariness, the fever, and the fret

Here, where men sit and hear each other groan;

Where palsy shakes a few, sad, last gray hairs,

Where youth grows pale, and spectre-thin, and dies;

Where but to think is to be full of sorrow

      And leaden-eyed despairs,

Where Beauty cannot keep her lustrous eyes,

Or new Love pine at them beyond to-morrow.

 

Away! away! for I will fly to thee,

Not charioted by Bacchus and his pards,

But on the viewless wings of Poesy,

Though the dull brain perplexes and retards:

Already with thee! tender is the night,

And haply the Queen-Moon is on her throne,

Cluster’d around by all her starry Fays;

     But here there is no light,

Save what from heaven is with the breezes blown

Through verdurous glooms and winding mossy ways.

 

I cannot see what flowers are at my feet,

Nor what soft incense hangs upon the boughs,

But, in embalmed darkness, guess each sweet 

Wherewith the seasonable month endows

The grass, the thicket, and the fruit-tree wild; 

White hawthorn, and the pastoral eglantine;

Fast fading violets cover’d up in leaves;

     And mid-May’s eldest child,

The coming musk-rose, full of dewy wine,

The murmurous haunt of flies on summer eves. 

 

Darkling I listen; and, for many a time

I have been half in love with easeful Death,

Call’d him soft names in many a mused rhyme,

To take into the air my quiet breath;

Now more than ever seems it rich to die,

To cease upon the midnight with no pain,

While thou art pouring forth thy soul abroad

      In such an ecstasy!

Still wouldst thou sing, and I have ears in vain—

To thy high requiem become a sod. 

 

Thou wast not born for death, immortal Bird!

No hungry generations tread thee down;

The voice I hear this passing night was heard 

In ancient days by emperor and clown:

Perhaps the self-same song that found a path

Through the sad heart of Ruth, when, sick for home,

She stood in tears amid the alien corn;

     The same that oft-times hath

Charm’d magic casements, opening on the foam

Of perilous seas, in faery lands forlorn.

 

Forlorn! the very word is like a bell

To toll me back from thee to my sole self!

Adieu! the fancy cannot cheat so well

As she is fam’d to do, deceiving elf.

Adieu! adieu! thy plaintive anthem fades

Past the near meadows, over the still stream,

Up the hill-side; and now ’tis buried deep

        In the next valley-glades:

Was it a vision, or a waking dream?

Fled is that music:—Do I wake or sleep? 

 

 

A UN RUISEÑOR

  

Me duele el corazón, y mis sentidos

me fallan como si yo fuera un ebrio

o apurara un opiáceo y me hundiera

un momento después en el Leteo;

no es por envidia de tu buena suerte,

sino por ser tan feliz en tu dicha,

—pues tú, ninfa del árbol de alas de aire,

bajo la fronda armónica

de un haya verde de abundantes sombras,

celebras el estío en voz tan fácil.

 

¡Oh, un sorbo de vino!, atemperado

por largo tiempo en lo hondo de la tierra,

sabor a Flora y al país cetrino,

al baile y la canción y al sol radiante,

¡Oh, un vaso febril de sur ardiente!,

colmado del sonrojo de Hipocrene,

con perlas de burbujas en la orilla

y púrpura en la boca,

que bebiera sin ser visto por nadie

y huir contigo hacia el oscuro bosque.

 

Perderse, disiparse, y olvidar

lo que tú nunca has visto entre las hojas,

el cansancio, la fiebre, el ansia aquí

donde los hombres se oyen suspirar;

donde el temblor perturba tristes canas,

donde la juventud se seca y muere,

donde sólo pensar es estar lúgubre

y una mirada hastiada y gris;

donde lo bello pierde su ojo límpido

o el nuevo amor carece de mañana.

 

¡Lejos! ¡Lejos! yo iré volando a ti,

sin el carro de Baco y sus amigos,

pero en las alas ciegas del poema,

a pesar del cerebro vago y lento.

Ya contigo, la noche es tierna, y alta

la Reina Luna está en su trono ungida

por el brujo fulgor de las estrellas;

pero aquí todo es negro,

salvo la brisa con la luz del cielo

a través de la verde sombra acuosa.

 

No puedo ver qué flor está a mis pies,

ni qué olor suave pende de las ramas,

mas la noche fragante me hace hallar

los perfumes que cada mes regala

a la hierba, al zarzal o a los frutales,

espino blanco y rojo brote indómito,

violeta pálida cubierta de hojas;

y, lo mejor de mayo,

la rosa llena de húmedo licor,

con el rumor de moscas del estío.

 

Oigo entre sombras; tengo mucho tiempo

de medio desear la muerte plácida,

la llamé con la rima de las musas,

para dejar al aire mi hondo aliento;

hoy más que nunca es bello perecer,

a media noche descansar sin pena,

mientras derramas tu alma allá en las cosas.

¡En éxtasis total!

Cantarías en vano a mi oído,

y polvo yo sería en tu alto réquiem.

 

¡No eres para la muerte, inmortal pájaro!

La prole hambrienta no te causa mal;

la voz que oigo fue oída en el pasado

por el emperador y los bufones;

Quizá es la misma voz que hizo un camino

en la pena de Ruth, cuando lloró,

añorando su hogar, en suelo extraño;

la misma voz que muchas veces

ha encantado las mágicas ventanas

abiertas hacia el mar en tierras yermas.

 

¡Yermas! ¡El eco mismo es un redoble

que me lleva de ti a mi soledad!

¡Adiós! La fantasía, falaz elfo,

no engaña tan bien como ella pretende.

Adiós, adiós, tu himno se disipa

más allá de los prados, en el curso

inmóvil, monte arriba, y recogido

ahora en valle claro;

¿Fue una visión o un sueño en la vigilia?

Huyó el canto, ¿yo estoy despierto o duermo?

 

Traducción Víctor Manuel Mendiola.

Revisión Eva Cruz.

 

 

Como Arthur Rimbaud, John Keats (1795-1821) realizó su obra con una juventud extrema y en un plazo de tiempo muy corto. Entre los dieciocho y los veintiséis años ocurre el prodigio de su poesía. Muchas veces su añoranza de lo divino lo coloca en el mismo sitio que a Hölderlin; y la belleza de sus sensaciones intelectuales, una voluntad de entendimiento, nos deslumbra por su fuerza y claridad como en el poema “La roca de Ailsa”. La “Oda al ruiseñor” concibe el mundo sensual del bosque donde vive y canta el ave inmemorial y el plano infinito —siempre igual a sí mismo— de los arquetipos, como Borges explicó siguiendo a Schopenhauer.

 

 

Víctor Manuel Mendiola nació en la Ciudad de México en 1954. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Vuelo 294 (1997, FCE); Papel revolución (2000, Ediciones sin Nombre); Tan Oro y Ogro (antología, 2003, UNAM); y Selected Poems (Shearsman Books 2008). Los ensayos: Xavier Villaurrutia: la comedia de la admiración (2006, FCE); El surrealismo de Piedra de Sol, entre peras y manzanas (2011, FCE); “El ángel que acompañó a Tobías”, ensayo histórico literario sobre “La suave Patria” de Ramón López Velarde, en La suave Patria de Ramón López Velarde (2013, Ediciones el Tucán de Virginia): y "El viaje inmóvil", edición y estudio sobre Primavera indiana de Carlos de Sigüenza y Góngora (2016, Ediciones el Tucán de Virginia). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan Rulfo y del Sistema Nacional de Creadores. Ha colaborado, entre otras publicaciones importantes, en la revista Vuelta y en la revista Nexos (donde fue miembro del consejo de redacción), así como en los periódicos La Jornada, Reforma, El Universal y Milenio. En 2005 recibió el Premio Latino de Literatura por el libro Tan oro y Ogro, que otorga el Instituto de Escritores Norteamericanos de New York. En el año 2010 obtuvo el Primer lugar en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz con la novela 4 para Lulú, reeditada por Alfaguara en 2012. Desde hace cuarenta años es editor de El Tucán de Virginia, donde ha producido alrededor de cuatrocientos títulos. En 2015 colaboró en Ella la peor del mundo... Él Octavio Paz, serie documental de Radio Educación, con la producción de veinte mini ensayos sobre la poesía de Octavio Paz. Escribe la columna “Poesía en segundos” de “Laberinto”, suplemento del periódico Milenio. Recientemente publicó los libros Tu mano, mi boca. 54 variaciones sobre un plato (DGP) y La bruja (Ediciones el Milagro).



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