14 Jun 2021

174. POESÍA DOMINICANA. OSIRIS MOSQUEA

-20 Feb 2021

 

EN LA SUERTE DE LA ISLA

 

Tú que amas esta ciudad de nadie, de fugas…

tú que navegas en la suerte de la isla

donde una señora en el centro del Hudson

con  aires de reina —Por cierto francesa—

te recibe, te da la bienvenida y te seduce

regalándote el miedo por adelantado

la libertad condicionada a  unas palabras entre paréntesis

donde todo, todo es diariamente perfecto

 

Tú que te quedas en este péndulo de sueños

que viajas en la amplia maleta del tren

con la dosis exacta para ignorarlo todo

viviendo las horas de minuto y medio

escamoteándole a la suerte

la verde y enigmática sonrisa de Roosevelt

en una constelación de  egos  por no perderlo todo

 

En esta ciudad  que yo también habito

el centauro en  Wall Street

se coloca la mitra o el bicornio

bendice las monedas que saciadas de veneno

recorren las calles de Manhattan

donde no se cuentan los naufragios

ni las veces que la nostalgia discreta

se cuelga en las alas de los pájaros

que ciegos se suicidan

en las fauces de las luces de Broadway

 

Tú  que habitas esta ciudad de todos

de paredes vomitando apellidos

como el tuyo, como el mío

nombres huecos y lejanos

de muertos en refriegas ajenas

espiados por los  ojos de los edificios

transitando atado al cinturón del miedo

que nos engulle en una fosa común

sudando la  sangre que se queda en el filo de la navaja.

 

 

TODOS LOS COLORES DE HARLEM 

 

Es negra la danza del negro de Harlem. Negra la raíz, sus santos y la comida. También negros los labios que tocan el saxo, la trompeta y el trombón. Son negras la manos que golpean el cuero del Tambor Mayor, la jícara que resuena como un lamento que se

pierde en las caderas de los negros en el Apolo Theatre. El contrabajo se derrite en el contoneo de un Swing y el Jazz, casi profano, se mese indomable en el corazón del barrio que pretenden blanquear. 

 

La mirada del negro no es la misma en el espejo

rompiéndose en nostalgias en el Harlem River 

en la presencia sorda 

de su huella digital en las tabernas 

 

Harlem pieza de museo de interés para turistas 

repoblándose de blancos madrugadores 

paseando sus perros 

vestidos a la última moda canina 

 

Repleto de un canto que tanto pesa 

Charlie Parker se descompone en el tiempo 

con un jazz en la punta de la lengua 

en las notas de un saxo rebelde y subversivo 

 

Gospel, Swwing, Charleston y Calipso 

y la negra Jomes perdida en dos o tres compases de un blues 

en la fuga de un blues

talla los versos con su cante hondo en las tardes de Manhattan 

embotellando la manzana de rumores abstractos 

con historias que aún no se han contado 

reventando la bandera llena de viento 

queriendo huir, huir. . .

sacarse del pecho viejas heridas 

 

Davis se ahonda en el portón de su negrura 

ébano, tiempo 

voz, lengua sin temor alguno 

orgullo atezado, pluma 

 

En su negra, amarilla, blancura sombra 

Harlem con sus brazos quebrados 

sigue aquí junto al River 

deformándose en su geografía.

 

 

PURA DESNUDEZ 

 

Desnuda sobre tu arruga gris, tu frío me resbala como los labios de un amante complacido. 

 

Te doy mi desnudez 

en el instante de tu obscena mirada 

en tu delirio jadeante, en plenas calles 

remolino agónico que ata y estremece 

es juego tu fuego adyacente a mi cintura 

 

Te doy mi desnudez 

que es larga y duele 

habitando tu contradictorio ombligo 

gangrenado, furtivo y blasfemo 

 

Te doy mi desnudez 

en tu incestuoso paisaje 

en los colores y estrellas que te nombran 

en la brizna del llanto que escondes como un delito 

 

Te doy mi desnudez como una sombra retorcida 

esparcida en toda tu extensión 

y tengo. . .

tengo frío. 

 

 

SÁBADO EN WEST 4 STREET

 

A plena noche se precipitan las miradas. Los ojos bien abiertos se posan desnudos sobre

un sexo rosado, de seda y terciopelo. Los amantes permanecen sumidos en su humedad, en la  noche  inquieta. Hay entre ellos y la ciudad una secreta convivencia que los provoca. Ellos gritan que se aman hasta en el aliento de sus cuerpos repetidos. Se aman, ebrios de deseos, desenmascarados, con un goce que se esparce y se filtra en el acero.

 

Sábado, su insomnio convoca en el Village

 

Los destellos de luces hieren como dagas

cuando el milagro de una mano

salva la caricia

la rosa que crece entre los senos

la cabellera alimentada de invisible brisa

el látex tibio, el gemido del semen

que en la sed de los ojos

se siente en la boca

 

Una moneda

observa desde un tranvía

algo anuncia su aleteo procaz

sobre los rosados personajes

en la epidermis de su sexo

y el maquillaje derramado

sobre un orgasmo desahuciado y suicida

 

Un humo sale de la boca

de una vagina huérfana y mendiga

y es nupcias la respiración, el gemido de los amantes

sortija que recorre sin parar un costado de Manhattan.

 

 

LA PALABRA QUE CALLO 

 

La palabra se niega a sí misma. Es otro el rumor en su voz muerta. Punzo su cuerpo inútilmente. Horizontal sobre mí resbala, viscosa se transfigura, penetra mi boca y me ahoga. 

 

Del equipaje del silencio extraigo la palabra 

miles acuden rebelándose culpables en mi boca 

derramada en mitad del tráfago de las calles 

en los escaparates que alucinan 

y el oropel de las fuentes incrédulas 

 

La fosa abierta de la ciudad 

se traga montones de lenguas 

a través del día 

solo mis huellas delatan mi presencia 

extraviada en cualquier mirada 

sofocada en el olor de lana vieja 

en el sudor de miedo demorado en mi cuerpo 

viajando hacia adentro 

ahogándome en la palabra que callo. 

 

 

ENTRE OTRAS COSAS

 

 Entre otras cosas

 da lo mismo si hay cellisca o llueve

 si es el amor o los amantes

 en la ciudad que transitó el poeta

 el mismo poeta en Nueva York

el que levantó su voz junto a Whitman en los trenes

y le escribió estos versos como quien pare a un hijo:

"Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson

con la barba hacia el polo y las manos abiertas".

El que libó la manzana de la boca de un pez en Central Park

y danzó con los negros entre edificios y palmeras en Cuba y NuevaYork

 

Entre otras cosas

nosotros también mordimos la manzana

deshojamos en las esquinas

la hora sorda que golpea

y amarga cualquier Karenina en la calle

junto a un hombre que naufraga en su corbata roja

ella de verde y violeta

resignación de plomo en su cartera

 bajo el muérgano sutil de la tarde que transitó el poeta.

 

 

ALGO QUE DUELE 

 

El cielo es un mar suspendido

que lentamente se vacía sobre la ciudad

a goterones infinitos y dolientes.

 

La lluvia es un telón que cae

desgarrado por su bóveda agrietada

y va rompiendo las cosas en su caída. 

 

Esta noche llueve como nunca 

mi corazón de búho y amapola 

tiene aires de noviembre 

de la arcilla que viaja en la pupila rosa de la tarde. 

 

Llueve tanto que hay algo quebrado por la lluvia 

algo que duele en Nueva York. 

 

 

INMIGRANDO HACIA WHITMAN 

El tren es un trozo de la ciudad que aleja. 

VICENTE HUIDOBRO

 

Una luna de ilusión 

mengua en cada rostro. 

 

Un bostezo soñoliento 

cuajado de tristeza 

permea la nostalgia. 

 

Un café urgente pacta con el sueño 

filtrado por las venas 

cual metáfora muda 

despierta. 

 

A mi diestra 

un salmo 

gozoso o doloroso 

¡Qué importa! 

 

Roncan los trenes 

surge de su vientre un lamento visceral 

millones de apellidos y acentos 

inmigrando hacia Whitman 

negándose al olvido. 

 

En cada estación 

una andanada de música 

desflora el pensamiento. 

 

Un triste bandoneón 

suspende en el aire un tango de Gardel 

perezosa una guitarra 

acompaña la nostalgia 

de un corrido mejicano 

y no importa la flauta andina 

o una bachata inquieta 

un rap asalta mis oídos,  

mientras, unos ojos lujuriosos me desvisten. 

 

Toques de tambores ponen otro acento 

sangre negra-africana 

caribe-blanco-americano 

proclaman un grito 

roto, desierto 

más que otra orilla. 

 

Yo, despedazo un cuento de Rulfo 

me deshago en conjeturas 

en nostalgias quizás 

y asombrosamente sumisa 

espero el otro tren. 

 

 

EN TU PIEL QUEDÓ LA ESPERA 

 

Mujer

no serás más 

náufraga que se ahoga en los brazos del absurdo. 

 

Cuando en las noches de insomnios, decidas explorar tu cuerpo 

saber por qué mereces ser amada como a nadie todavía 

y combatir ese infame absurdo de la espera 

y te escapes con las luces del poniente 

fugitiva en lugar de prisionera 

y regreses nueva 

y te enteres que cerraron todas las lavanderías 

que las modelos no están más en las revistas 

con sus rostros hermosamente tontos 

y hay en su lugar unicornios resucitados. 

 

Cuando ya no creas lo que definen los diccionarios 

ni en las imágenes de propaganda 

del calendario en la pared de tu cocina 

ni en el azar de desojar las margaritas 

te meterás al bolsillo toda la doctrina de Freud 

te mirarás al espejo, eco del tiempo 

y desnuda tocarás tus pechos como a los 15 todavía 

y reirás de los pliegues de tu boca y de tu frente 

y no acallarás más, la larga espera de tu cuerpo. 

 

Cuando redimas el verbo en tu carne 

gritarás cientos de cosas hasta entonces innombradas

porque sabes muy bien, que no es tu imagen la del Discovery Channel

y serás tan feliz, que trocarás los faros por estrellas 

dejando recorrer sobre tu cuerpo la violenta lluvia de marzo 

ebria gota lunar, transparente.

 

 

Osiris Mosquea nació en San Francisco de Macorís, República Dominicana. Realizó sus estudios universitarios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde obtuvo su título de Licenciada en Contabilidad.  Posee un Master of Spanish Language and Literature, The City College of New York. Estudió cuentos y arte español del siglo XX en la Universidad de la Rioja, España. Es poeta y narradora. Fundadora de Trazarte Huellas Creativas en la ciudad de Nueva York y coeditora de la revista Trazos.  Sus trabajos han sido publicados en revistas, periódicos y antologías en los Estados Unidos y otras partes del mundo. Tiene publicado: Raga del Tiempo 2009 (poesías). Viandante en Nueva York, Artepoetíca Press. New York, 2013,  (poesía). Una mujer: todas las mujeres, miCielo ediciones. México, 2015 (poesía). De segunda mano, Books & Smith. New York ,2018, (narrativa). Desde la soledad de los puertos, Proyecto Editorial La Chifurnia (Colección Hypatia). El Salvador, 2019.

 



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