28 Jul 2021

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER. PEDRO LARREA

-03 Abr 2021

 

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER

FIRST SERIES

PEDRO LARREA 

 

 

DON

  

Casi todo es gracias a una mano que no es tuya,

a otro brazo que no sabe para quién se esfuerza

cuando desmiga tu sombra y te abre la cama.

 

Esa mano cocina tu pan cuando olvidas que el hambre no cesa

para que puedas comer sin sudar mientras sudas regando la fruta del otro

que te cuida y no sabe quién eres y no necesita ni quiere entenderlo.

 

Hay patrullas ahora mismo que te guardan con desvelo el desayuno

para que tú te desvistas y ames y duermas a espaldas del músculo ajeno.

Los mezquinos llaman suerte a esa energía, y deidad los perezosos.

 

No comprenden que es amor y que sucede así

cuando encuentras a un extraño que te entrega hasta los huesos

sin saber cómo te llamas, ni quién eres, ni si existes.

 

                                                                                                Inédito (2019).

 

 

DIOS

 

Cuando me muera, no quiero vestirme

ni con la estrella, la cruz, o la luna,

ni con el cisne y el collar de pétalos de loto,

ni con el negro, ni con el blanco, ni con su hélice.

 

Cuando esté ante dios,

si es que hay alguno que espera,

quiero que me vea así,

 

desnudo,

 

tiritando.

                                                                                                Inédito (2020).  

 

 

Mordiste una granada y en tus dientes

quedó la sangre presa para esculpir anillos

sobre estas piedras suaves de mis hombros.

 

Maceraste un limón entre tus labios

para empapar mi piel con su pulpa de estrella

y así apurar el jugo azul del poro.

 

Hundiste tus encías en las ascuas

de un gajo de naranja que en el panal de lenguas

me incendió el paladar hasta el rescoldo.

 

Y cuando abandonaba la viña incandescente de tu cuerpo

se me quedó la carne enfrutecida.

 

                                                                                    De La orilla libre (2013).

 

 

Yo aprendí en tu cintura una danza abisal

como quien localiza bajo el mar el paradero de las ánforas.

 

No encubras la evidencia carmesí del oscuro picotazo

y llévame a dormir donde pernocta el vientre de la abeja.

 

                                                                        De La orilla libre (2013).

 

 

El lunar no se incrusta en tu carne.

Tu carne bordea el abismo.

 

Así una tarántula la tranquilidad.

 

De La orilla libre (2013).

 

 

TIEMPO

 

Para Bernard Nöel

 

Qué tienes por propio.

¿Acaso las piernas,

las ingles?

 

Ni el árbol

puede sostener

su fruta.

 

Desde cuándo has estado

buscando un labio

tuyo

 

tuyo ahora

en el después te tumbarás

desnudo

 

rumiando piedras

con dientes

de agua.

 

                                                                        De La orilla libre (2013).

 

 

GENEALOGÍA

 

No se olvida la casa persistente.

De mi abuelo paterno no me queda nada.

De mi abuela paterna que por mí durmiera en una silla

y la traición.

De mi abuelo materno los ojos de psicópata

y el miedo a perder el pasaporte. También un botón de ternura.

De mi abuela materna el veneno, la desvergüenza,

el no poder dormirme hasta las tres de la mañana,

el escándalo.

De mi padre el tabaco, la cantina,

el sur y un sol corrupto, la roturación de los nervios,

la mala sangre. El doble. El margen. El mal.

De mi madre

no lo digo

porque no hablo aquí de amor.

Luego, claro, mis hermanos, mis parientes.

Apenas volvían de la Antártida.

 

No fui feliz en mi familia y tuve que marcharme.

A veces pienso en ellos

a cien mil páginas de distancia.

  

                                                                        De La tribu y la llama (2015).

 

 

NO DEBERÍAN ARDER LAS CIUDADES

 

No deberían arder las ciudades

sino los hornos de pan y las farolas,

el combustible de los repartidores de gardenias

y las baldosas naranjas del paseo con sol reciente.

 

No deberían arder las ciudades

porque una ciudad es una cebra fogosa,

una ofrenda necesaria de sombra y luz

para aplacar la mandíbula del león humano.

 

No deberían arder las ciudades,

ni la que tiene piscina de leche para baño de unicornios

ni la poblada por escorpiones y tentáculos que los devorarían.

No deberían arder ni la torre ni la madriguera.

 

Deberían arder la muerte y su geometría.

Debería moldearse un cuerpo nuevo que recordara por sí mismo

cómo llegar al pantano en que se oculta la salamandra de la respiración.

Deberían arder las corazas. Deberían arder los rectángulos.

 

Pero no deberían arder las ciudades. 

 

                                                                             De Manuscrito del hechicero (2016).

 

 

SOY MÁS VIEJO

 

Soy más viejo que mi cuerpo

como el cedro es más viejo que sus hojas actuales.

Hiberno como el cedro, y despierto cuando la batuta de las horas

golpea el atril del espacio. Por mí han pasado corcheas

como por el cedro macillos de colibríes.

Soy el que fui con la corteza de lo que seré sin estrenar.

 

Soy más joven que mi espíritu.

Mi casa es un cráter que creó una roca de otro mundo

antes del invierno nuclear y de la primera glaciación.

No comprendo que ninguna pirámide sea más antigua que el más joven de mis olivos,

ni entiendo la trompeta frigia y el arpa persa que a veces toco por intuición.

Me confunde ser testigo del nacimiento de una galaxia.

 

Cómo puedo ser viejo cuando soy joven y joven cuando soy viejo.

Cómo puede no existir una edad única que me dé sentido,

que justifique mi presencia en el pasado y el presente

y que imponga paz al bramido bélico del estar siendo y del ser estando.

Cuándo poseeré un rostro definitivo para todos los espejos.

Cuándo podré decir éste soy yo sin equivocarme demasiado.

 

Soy joven pero conozco los secretos de la cartografía.

Soy viejo pero tengo agilidad para boxear contra mí mismo.

Soy lo que falta antes de ser y lo que queda después de estar.

A quién odiaré más que al palimpsesto de mi carne.

A quién tendré por cómplice en el soborno de mi espíritu.

A quién daré los labios de quien me habita sucesivamente en soledad.

 

 

                                                                             De Manuscrito del hechicero (2016).

 

CUANDO MUEVES LAS MANOS

  

Cuando mueves las manos me enseñas a blandir tulipanes.

Esa dosis de armisticio que propagan tus uñas

es una escuela de cómo domar dromedarios.

Quiero dibujar tus dedos pero ya están trazados por delfines

o por la lluvia que espolvorea semilla de yuca

sobre el jardín salvaje de un llanto incomprendido.

 

Cuando mueves las manos combates el hambre

y te reconozco en tu postura de ninja durmiente,

de húsar que ofrece su espada a un sintecho.

Eres una valkiria que toca una tuba oxidada

en la terraza de un sórdido rascacielos.

Aunque alimentan, nadie sabe entender tus yemas todavía.

 

Cuando mueves las manos entran en ritmo

las sonrisas de toda una ciudad en donde importan.

Tienes algo indescriptible en los nudillos,

algo así como bongos olvidados en la jungla

pero más profundo: quizá el cuero de una darbuca abisal.

Hay artefactos que no comprendo sin que tú los hagas música.

 

De pronto tus manos no se mueven. Sé que descansas,

que ahora no vas a crear más dulces conflictos

y que después atenderás a los quiromantes.

Mientras, yo vigilo tus guantes y difundo tu sueño.

Cuando no mueves las manos petrificas koalas.

Te esperaré batiendo palmas y forjando anillos. 

 

                                                                           De Manuscrito del hechicero (2016).

 

 

Pedro Larrea (Madrid, 1981) es autor de tres libros de poemas: La orilla libre (Ártese, 2013; Nueva York Poetry Press, 2019); La tribu y la llama (Amargord, 2015); y Manuscrito del hechicero (Valparaíso Ediciones, 2016; Valparaíso USA, 2017). Como ensayista, es autor del estudio Federico García Lorca en Buenos Aires (Renacimiento, 2015). Como traductor, ha publicado la edición en español de Book of Hours de Kevin Young (Libro de horas, Valparaíso, 2018); Una defensa de la poesía de P.B. Shelley, acompañada de Las cuatro edades de la poesía, de T.L. Peacock (Poéticas, 2019); y Sonata Mulattica, de Rita Dove (Valparaíso Ediciones, 2021). En la actualidad es profesor en la Universidad de Lynchburg, en Virginia.



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