24 Sep 2021

50. DISIPADOS Y MOLECULARES

-28 Jun 2021

 

DISIPADOS Y MOLECULARES

Miniantología de emergencia

 

La antología de emergencia Disipados y moleculares surge en medio del estallido social más poderoso de por lo menos las últimas cinco décadas en Colombia. Su nombre aparece como una forma de reapropiar las delirantes teorías neonazis que han sido difundidas en las universidad militares del país, y que se dieron a conocer en el debate público a través de un tuit de Álvaro Uribe Vélez, en donde se hace una mala lectura de la teoría de Felix Guatarri, y se realiza un relato que legitima el trato militar de la protesta social. La antología intenta recoger la manera en que los y las poetas han reaccionado a esta coyuntura, donde las fuerzas represivas del Estado han mostrado su cara racista, clasista, machista, de manera descarada e impune. Después de más de medio centenar de muertes, decenas de abusos de índole sexual, cientos de desaparecidos y miles de heridos, en apenas un mes de movilizaciones sociales, se han dado ciertos logros populares, y es probable que vengan más. Así, la política colombiana no volverá a ser la misma.

La antología está siendo distribuida a través de la colección de formato híbrido (digital e impreso) llamada Dosis Mínima, de la editorial Jübilo, al cuidado de Juan Camilo Biermann. Los volúmenes de la antología pueden ser descargados para su lectura digital, o para ser impresos y armados en casa por quien así lo desee. Para mayor información, y las indicaciones para la edición casera, consulte www.dosisminima.org. Este tipo de formato ha aportado a su fácil distribución.

La antología puede descargarse en el enlace: DISIPADOS Y MOLECULARES 2021 - Google Drive. En la carpeta “Listos” aparecen organizados para ser leídos de manera digital.

 

 

Prólogo a Disipados y Moleculares

por Juan Camilo Lee Penagos

(antologador de emergencia)

 

El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla”

“…se alimentan de la imagen de los antecesores esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados.”

Walter Benajmin. Tesis sobre el concepto de historia.

 

Un muchacho de la primera línea, a través de un “en vivo” de Facebook, lee a su madre un texto poético, teniendo como fondo las imágenes y los sonidos -explosiones, gritos, insultos- del enfrentamiento con el ESMAD. El muchacho combina su texto -que lee- con sus propias exclamaciones y comentarios, que le surgen al calor de la situación de peligro en la que se encuentra. Y lo hace con habilidad asombrosa: no es posible distinguir muy bien cuándo lee y cuándo se expresa según la necesidad del momento. Uno de sus compañeros resulta herido en la cabeza.

Es difícil imaginar a ese joven leyendo alguno de los hermosos poemas que se han escrito sobre la violencia en Colombia, y que pertenezcan a eso que llamamos, un poco irreflexivamente, la "tradición". Pues la "tradición" no es un conjunto de poemas escritos en el pasado, que se suman o amontonan unos sobre otros, indistintamente, y que los eruditos podrán conocer con precisión. No. La "tradición" no es eso. Más bien, sobre ese conjunto indiferenciado de textos, que podríamos llamar el "archivo" de poemas, se tejen relaciones, mapas, texturas, continuidades y rupturas, disponibilidades, puntos ciegos, olvidos azarosos, descubrimientos e invenciones. Ese complejo tejido es la "tradición", siempre móvil, siempre en disputa.

Y, sin embargo, qué poco se ha disputado en Colombia, o qué poco se ha logrado dislocar ese paisaje, esa geología de la historia de nuestra poesía. Al igual que la estructura política o social, nuestra estructura poética es lenta, conservadora, bien pensante, temerosa, anacrónica.

Por eso el muchacho de primera línea leyó a su madre un texto que poco o nada tiene que ver con nuestra poesía.

Si bien se podrían nombrar excepciones, nuestra "tradición" poética trata la violencia desde el dolor de sus víctimas. Es una poesía-bálsamo, una poesía opiácea, un lirismo que traza los sentidos posibles desde el silencio de muerte que los puebla. Una poesía que mira al pasado para conjurar las maldiciones que en él yacen. Una poesía de quienes han sobrevivido, es decir, una poesía post-desastre, una poesía triste.

Es, pues, una poesía necesaria, pero se ha convertido en la única. Se encontrarán, en el "archivo", otras posibilidades, pero lo hegemónico es la poesía que menciono.

En el momento de peligro, entonces, el muchacho no encontró un poema colombiano. Nuestra poesía no ha sido escrita desde el momento de peligro, y por eso no es leída por quienes combaten.

Durante este paro, incluso quienes no estamos en primera línea, hemos sentido el peligro, y muchos nos hemos atrevido a escribir desde esa sensación. Tal vez impulsados por ese vacío en nuestra "tradición", hemos vivido la necesidad de hacer poemas nuevos al calor de algo incomprensible en el momento en que ocurre: una ruptura histórica.

Casi o hemos tenido poemas que nos cubran, a pesar de que se escribe sobre la violencia hace décadas.

Nuestra "tradición" escribe -porque aún hoy lo hace, porque es una inercia en el presente- sobre nuestros muertos y nuestras derrotas, no sobre las posibilidades de otro futuro, no sobre lo que se necesita para adueñarnos del mañana.

¿Qué tipo de poesía ha de escribirse para estar a la altura de los peligros, para que no sea utilizada por los estamentos del poder? Tal vez, sólo tal vez, en esta antología realizada a toda prisa, en medio del desastre, con poemas en buena medida escritos durante el paro, puedan percibirse algunas líneas diferentes a las de la “tradición”, que nos den pistas sobre qué buscar y qué construir mirando nuestro "archivo".

Probablemente, los hermosos poemas de nuestra tradición serán leídos por las generaciones futuras como escrituras cómodas, ya usurpadas por quienes dominan. Es nuestra tarea redimirlos, ver en ellos una potencia hasta ahora oculta, escribiendo sobre ellos, en contra de ellos -en un palimpsesto- unas formas distintas de poesía. Perder el miedo al panfleto, a la narración, a lo didáctico. Miremos la poesía testimonial, la poesía política. Arrebatemos a la novela el análisis estructural del país.

Vandalicemos la tradición, vandalicemos la autonomía literaria.

 

 

APENAS ALGUNAS CONCESIONES

 

apenas algunas concesiones

                                          a la escasa -y pastosa-

                                          materia de los días

pues dónde hallar la integridad final

la causa primera el orden

                                        oculto entre las cosas vivas

si lo que hay son apenas despojos

excrecencias concretas y más -aún-

cuando es la violenta disciplina del monocultivo el único

indicador de alguna suerte de proyección

o de futuro

sobre estas tierras

 

los caminos atraviesan los anchos ríos secos

y las ruedas de los camiones levantan

un mismo polvo siempre

 

arriba

entre las alambradas

en el cerro

están las aguas

                      detenidas

 

corren

ya no en la única dirección posible

-hacia los bajos

magnánimas enormes pacientes diminutas-

sino hacia los persistentes cuajos de un mismo verde

mismas manos/ mismas bocas

entubadas veloces

eludiendo siempre los poblados del polvo

las manos/ las bocas del polvo

 

éstas mismas manos aprenden a soñar con el derrumbe

-y sólo la repetición hace voraz al sueño-

justos terremotos

divinos remezones

la humana y necesaria dinamita

 

sus palabras

lentamente de boca en boca

anticipan el estallido

hacen aparecer ante los ojos multiplicados

solidarizantes

la posibilidad de la lluvia

la furiosa bajada de las aguas y sea

lo que dios quiera

 

allí

en la abundancia peligrosa

se encuentran los sueños de los viejos/ y los niños

la nostalgia de lo que fue vivo la enorme

                                       anticipación de lo no visto

 

sólo la destrucción podrá devolvernos a la vida

el polvo sólo en la luz

                                  del fuego puede hacerse a un cuerpo

 

Santiago López

 

 

CENSURA

 

Llueve en abril

aguacero de silencio desbordado,

grito que retumba

 

en las paredes olvidadas de esta ciudad,

deidad de barro que nos mira con asco,

ahogándonos en el abecedario:

El verbo no se hizo carne.

Los fantasmas amordazan las metáforas

dejan muros ensangrentados,

hacen la danzan macabra con el grafitis,

 

ellos; la voz de tantos.

La palabra se perdió sin germinar

se desgranó y se pudrió

la censura inunda cada calle

 

que nos obligan a no habitarlas

a ser mudos transeúntes de cada recodo

nos incita a quedarnos atados de pies y manos,

a no decir nada.

 

Martha Ortiz

 

 

LA ORTIGA

 

Quisiera que este girasol que se niega a florecer, porque parece margarita salvaje, abriera de pronto sus pétalos tímidos y se alegrara de ver la luz, aunque llueva. Quisiera también que su amarillo no tuviera que ver con la lluvia, que no se entristeciera de estar cercado en la matera y se hiciera tan pequeño extrañando a sus ancestros grandes que parecen dos manos juntas y se doblan con el pesar de sus semillas. He esperado que abra la flor y día a día he sido testigo del empuje, es la más grande de la matera que planté en luna nueva. Me contempla la tarde y los recuerdos felices con mis hijos. Me aferro a lo que puedo controlar, este escrito y este silencio contando muertos y desaparecidos cada hora. Amo y ese debería bastar para estar más viva, para abrir la fuente de mis aguas al universo. Aun así, pienso en la lluvia que arroya aún en la sequía y en la llovizna que viene a refrescarnos como milagro, en las banderas que ha tirado el río por entre sus cuencas. Pienso en el dolor de las madres y no puedo evitar la llegada de la noticia catastrófica. No soy el girasol, mi corazón es el de esa ortiga que nació involuntaria y que a pesar de doblarla muchas veces se hizo más fuerte el tallo y creció más alta que las flores tímidas. Ahora que hay flores pequeñas voy a dejar de matar la hiedra, a lo mejor su belleza es la que falta para quitar la vergüenza de corazones que se vuelven soles en medio de lo oscuro. Los girasoles, por muy pequeños que sean, siempre florecen y son amarillos. Las ortigas pican al tacto y se levantan solas a pesar de que las corten. Tantas ganas de enraizar entre flores y venenosas, tanta nada ante la corriente que nos lleva en esta sombra. Florecerán, absorberán luz y sombra, drenarán el agua y me recibirán, porque está escrito, lo dejo aquí, lo único que permanece en cada ser es su naturaleza cambiante.

 

Angélica Hoyos

 

 

SALMO PARA DESPUÉS DE LA GUERRA

  

“Tal vez la poesía, (…)

puede ser la prueba irrefutable,

o cabeza de un prontuario definitivo

de que Dios existió alguna vez”.

Héctor Rojas Herazo.

 

 

Señor,

ahora somos frágiles…

los años de la derrota (aunque hayan quedado en el olvido)

habitan entre nosotros. Por eso hoy el poema es bálsamo.

Señor de los remendados,

ya no podemos elevar oraciones:

conjuros para ahuyentar enemigos y pestes,

tal vez un Poema que sirva de diálogo

para diluir tantos miedos acunados en viejas plegarias.

Señor,

como tus llagas,

las nuestras son huellas de fe en medio de la ola de siniestros.

También hemos caído y nos hemos levantado

para espantar los pájaros de la angustia

que anidan en nuestras lágrimas.

Señor de los fragmentados,

redime con tu sabia mudez a tus hombres y mujeres,

herederos del miedo,

para que la fragilidad se desvanezca y

retornen a nuestra voz y nuestros sueños

y nuestras casas las Bienaventuranzas.

Así sea.

 

Juan Acevedo

 

 

POEMA

 

Esta marcha es la del pueblo;

Nunca se echa un paso atrás;

Raíz india es la que empuja

Para hacernos avanzar.

Esta marcha es la del pueblo;

Hay más brazos que juntar

Para que los sueños sean

Bastiones de realidad.

Si tú marchas como pueblo

Serás pueblo y algo más:

Alto faro entre las sombras

Y clamor al alborear.

Esta marcha es la del pueblo

Y hay más cantos que cantar,

Porque el uno enseña al otro

Y no hay modo de olvidar.

Esta marcha es la del pueblo

En busca de la igualdad

Y dos razones impone:

Justicia con libertad.

Esta marcha es la del pueblo

Por el pan y por la paz.

 Habrá trabajo y muy digno

Y más ganas de abrazar.

Esta marcha es la del pueblo.

Va con río, selva y mar;

Su presencia es un silencio

Que debemos escuchar.

Esta marcha es la del pueblo

Va con águila y jaguar;

Grito y rugido acompañan

Y nos marcan el compás.

Esta marcha es la del pueblo;

Pronto habremos de lograr

Ser arrullo entre la noche

Y sonrisa al despertar.

Esta marcha es la del pueblo;

Nunca se echa un paso atrás;

Raíz india es la que empuja

Para hacernos avanzar.

***

 

Fernando Urbina

 

 

 

#NOSESTANMATANDO

 

a todxs los que han sido asesinados, heridos o desaparecidos

mientras protestan pacíficamente por sus derechos

 

el fuego abriga o quema

late adentro del cuerpo saludable

es la arenga guerrerista e incendiaria

es motor acelerado      ráfaga sorda

y otra vez el corazón latiendo

 

el fuego enferma o limpia

es la esperanza de la minga abrazada por la tulpa

es la humareda de trinos, pantallas y noticias

vidrios negros             camionetas blancas

la rabia ciega calentando la sien

 

nos están matando

 

zumbidos metálicos defecan glifosato

            quemadura invisible sobre el agua

la coca la llave la memoria

se raspa se arrastra se aplasta con las botas

y se vuelve el pretexto del incendio

 

nos están matando

 

la hidroeléctrica cierra las compuertas de la represa

más importante que respire la subienda

            y que siga cantando el agua pura y clara

es la corriente eléctrica que corta el monte

que alumbra de inconsciencia los palacios

y los barrios donde ya no se miran las estrellas

 

el fuego abriga o quema

late en la sonrisa del vecino

en el clasismo que escupe y esclaviza

en los ojos al borde del disparo

y otra vez el corazón latiendo

 

el fuego enferma o limpia

es la veladora de mi madre

el sudor de la marcha sobre la carretera

la pesadilla del terrateniente

que quisiera cercar todo el horizonte

            pero no puede

 

nos están matando

 

el hambre la sed el fuego herido

los hombres de metal sobre caballos

los discursos vacíos en los podios

los ciudadanos que nunca se han quitado los zapatos

            para tocar con sus plantas a la madre

            y agradecer a los ancestros por el fuego

 

Juan Guillermo Sánchez

 

 

¿CÓMO ESCRIBIR UN POEMA DE AMOR?

 

¿Cómo escribir un poema de amor ante tanto odio?

ya quisiera hacer volar mis versos como loros alegres

sobre un cielo azul que se enciende al vaivén de los vuelos

pero no puedo concentrarme porque “nos están matando”

en este pedazo de cielo al que llaman Colombia,

las balas lastiman el viento y la muerte se pavonea en las calles,

un policía a quien cambiaron su alma apunta su arma

y sin pena alguna pinta el muro con la sangre de los inocentes   

es un instante y el poema de amor sufre la pena

 ante el odio enraizado de aquellos que olvidaron ser niños,

aquellas almas enfermas que se ahogan en su propio veneno,

entonces vuelvo y me pregunto:

¿Cómo escribir un poema de amor que recorra la piel

y el sentir palpitante de la luz de un amanecer?

¿Cómo amar la noche y la danza de estrellas en el corazón?

¿Si la noche está siendo usada por asesinos a sueldo para

cegar la vida de jóvenes semillas del universo?

el poema se hace testigo de la pena, se desgarra por dentro,

se acurruca en cada grito que evidencia la crueldad

y cuando el poema ha sido maltratado y arrojado al río

vuelve a recordar que está vivo en la memoria del tiempo

en el renacer de cada hombre o mujer que lucha sin descanso

por hacer posible la vida, la justicia, el amor

el poema entonces, se hace agua pura en la alegría y la pena.

 

Fredy Chikangana

Poeta Wiñay

 

 

EN EL DÍA DE LAS MADRES

 

En el día de las madres gringas

el hijo que aún no nace de mí

llora el futuro que no tiene,

que ya le robaron.

Sus labios temen preguntar

por la leche que no bebe,

vive en el afán de los inagotables días

de los hijos nacidos que ya murieron

en una larga noche.

 

María Ximena Pineda

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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