23 Sep 2021

295. POESÍA COLOMBIANA. JORGE VALBUENA

-12 Sep 2021

 

TRILOGÍA DE ALTAMIRA

 

I

 Por no poseer barcas

ni apellido de Noé

los hombres naufragaron

en medio de las cuevas

Pigmentos de ahogo y soledad

pintaron animales elevándose

hasta el mar que cubría

el cielo de las rocas

Allí flotando en el olvido

salvaron las especies

de otras orillas sin rumbo

 

 

II

El hombre que pintó las cuevas de Altamira

iba en busca de alimento

El hombre que las descubrió

iba en busca de su perro

el perro que se perdió iba en busca de la tarde

 

 

III

Una niña en 1879

mientras su padre buscaba tesoros en el suelo

le avisó:

¡Papá, mira esos toros hundiéndose en el aire!

 

 

GRAMÁTICA DE LOS CIELOS

 

Mi abuelo veía barcos donde yo veía orugas. Una nube puede ser muchas cosas –me decía- quizá mi barco sea tu oruga, si de repente a la nube le crecen alas el mío ya entonces será un avión y el tuyo una mariposa. Coleccioné así mis primeras lecturas siendo niño. Algunas eran trágicas cuando terminaban atravesadas por un relámpago. No siempre las nubes cuentan historias inofensivas. Otras me hacían reír hasta que caía la tarde.

Abuelo siempre fue un gran lector, incluso cuando llegó a buscarlo la ceguera, me advertía que no me confiara de lo que creía haber visto en las nubes si quería llegar algún día también a descifrar noches, eclipses, constelaciones, hasta el respiro de la niebla. Ellas nunca permanecen fijas, su función es contar, aún si cierras los ojos, la historia seguirá avanzando sobre tu cabeza. Yo no lo creía cierto, siempre pensé que era una más de sus motivaciones para hacerme recordar nuestra costumbre… hasta aquella vez que caminé con él bajo la lluvia.  No abras el paraguas –me dijo- escucha lo que hemos escrito tantas veces en nuestro idioma. 

 

 

ANTE UN CUADRO DE TURNER

 

En un cuadro de Turner hay un poeta. Es Ovidio, dice la nota bajo su marco luminoso. Me acerco un poco más a la pantalla para ver el certero instante diminuto que se guarda entre los pliegues soleados de cada milímetro de partitura. Agrando la imagen hasta pixelarla y entonces escucho el latido del hombre amarrado que dice la nota que es poeta y que es Ovidio y que anda agitado. Se logran sentir los vórtices de su respiro. Lo llevan a una barcaza que desamarran otros hombres que el tintineo incendiado del sol no deja percibir, si son un tornado de luz en las arterias del día o solo sombras sin destino que han perdido el delirio de su llama.

A esta distancia del sonido ya se oye un delgado susurro dorado que sueltan desde el fondo de sus orillas. El poeta no es el centro del cuadro, nunca lo es, sino ese susurro que ronda ahogando todos los costados de Roma en un verso, largo como un río, extenso como un retazo de diluvio. Llevo el cursor hasta la lupa, sigo removiendo rayos de sol mientras destierran al condenado. Todo lo encandila ese instante subterráneo, tras estos muros portátiles el sol sigue inundando el precipicio. Un tizón encendido sigue esculpiendo el agua.

 

 

EL PERDEDOR DE REBAÑOS

 

El cielo mira el camino

lo ve pasar y lee desde allá

el rumbo de sus huellas

 

Todos los pasos son orillas

           donde caen al mundo

              los presagios de

ocultos moradores

 

Ojos pueden planear la misma ruta

trazada por algún antiguo vigía

que iba rumbo al firmamento

 

Verán allí la colisión de sus espantos

la lentitud colosal de sus esperas

el vacío que fundamos apenas conocemos

la exactitud de sus visiones

El miedo que auguramos a su rezo

                                       su ardor silente

 la inmaculada prisión donde guardamos la escotilla

 

Miramos al mar como a un abismo

                       que alza el vuelo

                      y al cielo acudimos

                                   para ver

                 algún trozo de memoria.

 

 

ANUARIO

 

A veces en la carnicería de enfrente se cuentan los sueños a la madrugada

saludan al tiempo y se observan sin ver cuando la luz se aferra a las espaldas

ramos de hielo flotan entre nuevas calaveras

senderos para posar el rumbo mientras desaparecemos

los sueños arden tercos y desconocidos

se van con nosotros a ninguna parte

caben en el baúl de cualquier respiro mientras salvamos de la piel antiguas inocencias

 

Mordemos las manos del viento y caminamos hacia algún recinto del ahogo

Allí las crisálidas tiritan de espejo

hombres derriban el origen

a tientas bajo el humo de los girasoles

 en las ciudades calcinadas de afán

las hojas duermen infectadas de estruendo

árboles estacionados en la vía

recuerdan el lugar donde las huellas de los sueños

 asoman en su nido de sal

a veces el silencio es solo un lugar compartido

el ruido que hacen los sueños mientras

devoramos los instantes

los sables que usamos para tasajear la realidad

afilar los secretos

            y las migraciones

                   que vuelven cada noche a despertarnos.

 

 

GILGAMESH

 

Allí en Uruk, un hombre, leo

salió a caminar por las callejas del sol

desesperado por el color de la ceniza

cuando la luz

                  se muere en la tarde.

 

Su boca no pudo pronunciar

el cauce que vierte las edades

-viento que al cruzar se posa

en un silencio embestido-.

Busca un lugar

afanosamente

dónde poner su pie sin que el camino

siga llevándose el tiempo.

 

Enamorado de la vida que ha dejado

                                      amarrada a un espejo

sale a buscar la eternidad.

 

Su viaje es un largo retorno

caudal de dudas que defiende

hasta encontrar otra puerta.

Como quien huye de su sombra

huye de la muerte

                                la vigila

posada en un árbol de incendios

              tallado en el aire

 

 

DIALÉCTICA CON COLIBRÍ

 

La mujer ecologista

Feminista

Humanista

Socialista

Barrista

Activista

Pacifista

Ciclista

Budista

Flautista

Equilibrista

 

Que me gusta

 

Me rechaza por ser poeta

 

Dice que ha leído que no hay estabilidad en este tipo de sujetos

Que se la pasan convirtiendo el lenguaje en estatutos de aire

Que no podría convivir con alguien que no hace más

                                                                    que fabricar emociones

Que escuchó un día que según alguien que no recuerda

la poesía es una dimensión que nos desconecta

de los asuntos importantes de la vida

Que nos distrae y hace que vivamos en otro sitio lejano a la realidad

Que un tal Platón desterró a un montón de los nuestros por andar creyéndose pájaros

Que solo es una disculpa para no hacer lo que debemos hacer

Que además no ayudamos al medio ambiente

por gastar tantos recursos corrigiendo, suspirando, bebiendo y volviendo a beber

Que la contaminación del mundo no la salvará un poema

Y que mejor debiera organizarme

Buscar la transformación del mundo

Que hay mucho por hacer

Que ni siquiera miro noticieros

Que madure

Que cambie

Que ya es hora de crecer

Que me orille

Que viene un carro

Que para eso hay señales de transito

 

Y yo por supuesto debo cambiar

Esto de andar por ahí entre poemas

no es muy saludable qué digamos

Las deudas crecen en los bancos

Y los zapatos se dedican a zarpar

 

Solo esperaré a que crezca el árbol que sembré en su tejado

Seguro una legión de gatos saltará sobre él

Creerán que son pájaros que aúllan

Gatos que afilan su voz ante el silencio

Y un día tendrá que salir a regañarlos

por anidar en ese árbol torcido entre la noche

Y se dará cuenta que es inútil

ese fruto que brilla entre las nubes

Pero enciende

la filigrana cautelosa de sus nervios

y el ronroneo del universo en sus asuntos

 

 

JORGE VALBUENA (Colombia). Es magíster en estudios de la cultura con mención en literatura hispanoamericana, especialista en creación narrativa, licenciado en humanidades y lengua castellana, promotor de lectura y gestor cultural. Integrante del Comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. Publicaciones: La danza del caído (2012), Pasajera de agua (2014), Árbol de navío (2016) y Gramáticas de los cielos (2020).

 



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