18 Oct 2021

304. POESÍA MEXICANA. ÁNGEL PÉREZ ESCORZA

-19 Sep 2021

 

EL AMOR SIEMPRE FUE UNA BICICLETA

 

Cuando era niño me encantaba

andar en bicicleta.

Suponer que estaba en mis torpes manos

hallar cualquier desperfecto

y arreglarlo.

 

Recuerdo la noble alegría de pasear,

de rodar, por horas, sobre el patio de mi casa

y pensar que,

de tanto deslizarme,

podría alcanzar mis sueños y volar…

Ser uno solo con ella.

 

También cavilaba las maravillas que toda tentativa

me tenía preparadas.

 

Rumiaba en el futuro

e ideaba falsa expectativa

a la vez que mis pies pedaleaban más

y cada vez más rápido.

 

Un día salí a la calle con ella.

Mi propósito era ver qué tan rápido podía

acelerar

y sentir el vértigo en mi panza.

No contaba con el hecho de que en el camino

se cruzara un perro, y yo,

al querer esquivarlo

fuera el que saliera volando por los aires…

cayendo aún más raudo de lo esperado.

 

Con el paso del tiempo mi bicicleta fue perdiendo

impulso o ímpetu, no lo sé;

permití que le faltara aceite a su cadena

y una basta dosis de aire a sus pulmones.

 

Se oxidaron algunas de sus partes.

La dejé sola, sin latido en la intemperie;

arrumbada siempre en algún lugar

donde no estorbara

o fastidiara el paso firme de mis días.

 

Hoy echo tanto de menos mi bicicleta.

Pienso mucho en ella y me oxido de amor,

siempre, como algunas de sus partes.

 

 

DESDE TU SUEÑO

A Kathia Dimas,

por despertarme.

 

Justo en este momento

sueño despierto contigo,

y si puedes escucharme

ahora mismo entre tus sueños

tal vez, con fortuna, puedas

verme ahí,

donde las cosas suelen ser más hermosas

y llevaderas que la cruda

y hostil realidad que hoy vivimos.

 

Ojalá sepas que mi sueño te llama

como la costa jala

con su magnetismo a las olas,

como la lluvia pinta al arco iris

cuando la luz se desvanece

y permea con esperanza el basto cielo.

 

Ojalá sepas

que en algún sitio

desde tu sueño mi sueño te llama.

 

 

AMOR A OCHO MANOS

 

Hay amores de una sola mano

que buscan siempre lo incierto

y en su perpetuidad logran

  ser eternos.

 

Hay amores a cuatro manos

que exprimen caricias, deseos,

         desmenuzan insomnios

y una que otra batalla

en tiempos de invierno.

 

Hay amores de seis manos

que no pierden tiempo,

que obteniendo lo que esperan,

olvidan todo lo que vale.

 

Los hay también de diez,

de doce y catorce;

depende el grado de soledad

y placer en cada involucrado.

 

Los hay de ocho manos,

de pulpo furioso que esparce

su tinta.

Amores de cama ancha

y de manada.

De vagón sobre vagón.

De fila larga en el pan

y de hambre atrasada.

 

Hay amores que sin amor

pueden pasar el rato.

Amores que sin mostrar interés

a lo que digan,

podrán siempre hacer lo que quieran.

 

Amores compartidos,

sin ardor de garganta.

Amores de apache.

Amores de pensarse.

Amores lengua de perro

y de dolida gatita en celo.

 

Amores que valgan sin trato…

 

Los que al final comprenden

que cuatro,

no siempre, será mejor que dos.

 

 

A DOS HORAS LUZ DE TI

 

A Mariel Damián,

por la amistad

y tu poesía.

Traigo una felicidad ingrávida

que no la soporta nadie.

Una satisfacción de objeto volador,

no identificado,

que nadie acierta a ver

                         o a querer entender.

 

Todo esto, desde que vi pasar la estela

de un cometa

y pedí el deseo palpable de hallarte;

de escuchar en viva voz

el lúdico lenguaje

con el que hablan los astros

y la dulzura encarnada que irradian

tus poemas

como quien deja caer del firmamento

un racimo de estrellas fugaces.

 

Vi en tus ojos la seducción atemperada

de un par de soles

que iluminan todo rastro de sombra

y dejan, en mí, la osadía de explorar

nuevos mundos;

de encontrar, quizá, la semilla que dé origen

a prolíficos versos

                 —líneas enraizadas en mi piel—

que logren amparar el destello

enceguecedor

de tu ya hermosa e inmensa

sonrisa de luna menguante.

 

Veo a la chica que se ha quedado sola.

 

La joven que envía cartas a su yo del futuro

para reafirmar

toda certeza inconsistente del pasado.

 

Una chica que disuelve toda distancia,

y sabe que dos horas luz,

ahora, ya no es tanto para volver

y conseguir dar un tórrido e inquietante

   abrazo.

 

Una niña que da a luz nuevas constelaciones,

con sólo unir sus lunares, y así, sólo así,

dar un nuevo tinte al Universo…

Veo a la chica de larga cabellera,

deseando que le regalen un cielo

    encuadernado,

                                         en vez de calcetines.

 

 

VENDER FRUTA Y ESCRIBIR POESÍA ES COSA DE HUMANOS

 

De niño aspiré ser siempre

como mi padre.

Tenía el sueño de vender fruta,

de hacer llegar

hasta la boca de sus clientes

la jugosidad y dulzura de la vida.

 

No tendría más de ocho años

cuando probé

la madrugada a su lado.

Ese frío estéril que congeló

mis manos deseosas de trabajo

y me hizo querer después escribir poesía.

 

Recuerdo también haberme arrepentido.

Haber errado en no informarle a mi padre

que prefería

       —como los demás niños—

quedarme a dormir en casa

y jugar

a hacer las cosas que no hacía,

pero no fue así.

 

Con el paso de los años aprendí

de su experiencia,

comprendí el valor de su lucha.

Aprendí que la fruta es frágil

como un corazón que no se cuida.

 

Supe también del temperamento

de las guayabas

que muestran su agria y verde furia

a falta de calor,

y del llanto de los cocos

que truenan

cuando el sol se atreve a molestarlos.

 

Gracias a su diligencia,

aprendí a tener tacto,

a ser sutil,

amable con el mundo.

 

Aprendí a sentir apenas con las yemas

de mis dedos

y la punta de mi alma

eso que sencillamente

no se puede juzgar a simple vista.

 

Sé que mi viejo habría querido

que siguiera sus pasos,

que madurara tan pronto

como lo hace una manzana

al caer de un árbol

o como la papaya y los mangos

que dormitan tibios en su magullada

cama de papel,

para así,

erguirse y morir sin miedo

frente a múltiples bocas hambrientas.

 

Porque así son las palabras

cuando nuestra pulpa queda expuesta

y su firme agudeza nos hace virar

por encima de cualquier propósito.

 

Porque sólo así

las frutas persisten sin miramientos

y se desgajan del ramaje

  para anclar

           nuevos versos sobre la tierra.

 

 

POESÍA

 

Y todo fue como tenía que haber sido.

 

Ella era lo que habían sido todas.

A decir verdad;

todas habían sido lo que ya era Ella.

 

Era como si su presencia

formara parte de una mágica

y antigua historia.

 

La luz de su luna había permanecido

fija e intacta.

Había mostrado esa otra forma

en la que las noches de insomnio

se vuelven un tanto más llevaderas,

          más satisfactorias.

Un tanto con la inquietud

de voltear al cielo y ver

las infinitas posibilidades

que nos obsequia una lluvia de estrellas.

 

Había sido como si la caja de Pandora

hubiera desatado todas sus tempestades;

las más terribles, las más arriesgadas.

 

Las que, sin duda alguna,

ponían en constante riesgo al corazón

y, sin embargo,

lo mantenían en un estado

de claridad

y esperanza absoluta.

 

Y fue así como la gloriosa

inclemencia de sus labios

arribó sobre las pedregosas

ruinas de mi pecho.

Dándoles la bienvenida

como quien espera a alguien

después de no haberlo visto

en tanto tiempo.

 

Sus manos de agua

tanteaban mi espalda

como el tímido

y terso oleaje

que acaricia sutilmente a la playa.

Y su mirada, un tanto piadosa,

  me decía:

 

¡Ya basta!

 

Quiero quedarme ciega

para poder enmudecer desde tus ojos.

 

Quiero encontrarme con la parte

más profunda y no explorada de los mares.

 

Quiero ser la monda voz

que aflora atemperada

en el lecho más oscuro

 

                                 de tu alma.

 

 

Ángel Pérez Escorza (México). Poeta, actor, dramaturgo, gestor cultural y músico hidalguense. Recibió en 2017 la beca a nivel nacional del Festival Cultural Interfaz para jóvenes escritores “Los signos de Rotación”. Es autor del poemario Motivos para desmenuzar el insomnio, 2018. Parte de su obra ha sido divulgada en medios impresos y electrónicos. Sus poemas han incursionado en la creación de obras dancísticas, obras de teatro y composiciones de piezas musicales para guitarra clásica.

 



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