03 Dic 2021

48. CARLOS MANUEL RIVERA. ÁNGELA MARÍA DÁVILA

-30 Oct 2021

LÍRICA TESTIMONIAL DE LA MUJER PUERTORRIQUEÑA: LA POESÍA DE ÁNGELA MARÍA DÁVILA

 

Carlos Manuel Rivera

 

Ángela María Dávila y otras poetas como representantes de la generación de finales del sesenta y principios del setenta cultivan un discurso contestatario en directa relación con los movimientos internacionales de descolonización y los movimientos feministas. A través de la intertextualidad con estos discursos internacionales, surge en la poesía de Dávila una lírica testimonial o una creación poética que se relata como testimonio desde la experiencia personal y desde la solidaridad política con los seres marginados por la historiamujeres, minorías étnicasante las políticas dominantes imperialistas de África, el Caribe y Latinoamérica. De esta manera, se elabora una escritura poética como subversión y desjerarquización al discurso logocéntrico y patriarcal que privilegia la poética masculina por encima de una lírica marginada y excluida del canon de la literatura puertorriqueña.

De ahí que, Dávila y otras poetas dentro de su producción cultural examinan la marginalidad del sujeto femenino y de los problemas sociales que se dan en varios sujetos que viven de la subalternidad y exclusión del logocentrismo patriarcal que ejercen los centros institucionales hegemónicos. Poetas como: Rosario Ferrer, Luz Ivonne Ochard, Etnairis Rivera, María Arrillaga y Angela María Dávila, una de las más importantes en cuanto a este discurso, desconstruyen esta jerarquía paternalista a través de su poesía, representando la desmitificación de la imagen tradicional de sumisión y domesticidad de la mujer puertorriqueña.

Sin embargo, Angela María Dávila como poeta de transición de finales de los años sesenta y principios del 70 confluye con ciertas que características de sus coetáneas, pero mantiene otras que la separan, como lo son: la autobiografía, la confesión y el testimonio, muy ejemplificado en su libro más importante Animal, fiero y tierno (1977) Según Josefina Rivera de Álvarez la poesía de Dávila es:

     Acento profundo, sincero, estremecido dramatismo
     en su expresión dominante de soledad y angustia frente al
     aherrojamiento del hombre en la cárcel de la incomprensión 
     del mundo. (724)

 

Tampoco falta en su trabajo la perseverancia con el tiempo, la protesta y la actitud social en búsqueda de solidaridad con aquel ser humano que cargue justicia en apoyo a la liberación del ser humano (Rivera de Álvarez 724).

Cuando nos detenemos en el estudio y análisis de la poesía y la literatura puertorriqueña, observamos que ésta ha estado dominada por una teoría de generaciones o una "entidad totalizante", jerárquica y patriarcal que esencializa la producción literaria. Según Juan Gelpí, este "aparato subordina la multiplicidad a la unidad, [excluyendo y condenando] la heterogeneidad y la diferencia" que se da en diversos escritores en una misma década; como también la separación de la poesía lírica de otros géneros por la marginación de acuerdo a su exclusividad mayormente femenina (4).

De ahí que la poesía de Angela María Dávila y otras poetas, como María Arrillaga, Etnairis Rivera, Luz Ivonne Ochard y Rosario Ferré--aunque más destacada en la narrativa y el ensayo--traspase las barreras impuestas por esta jerarquía homogeneizante y paternalista, para representar la feminidad como una condición social que desmitifica la imagen tradicional de sumisión y domesticidad. En esta poesía, la mujer asume identidad, derecho, liberación del discrimen sexista y va en búsqueda de una libertad creadora contraria a la marginación y subalternidad de poetas de décadas anteriores, como Clara Lair, Julia de Burgos, Violeta López Suria y Mari Gloria Palma, poetas quienes a pesar de elaborar un discurso poético que se inclina a la disidencia contra el patriarcado desde la década del treinta, su trabajo ha permanecido dentro de los discursos marginales por su condición femenina. Por consiguiente, no es hasta la década del sesenta que surge, debido a su momento epigonal, el reconocimiento de su trabajo (Acevedo 10) y así, encontramos en la mayoría de las poetas de finales del sesenta y principios del setenta: un proceso de autodescubrimiento, una búsqueda de identidad, una incursión en dimensiones íntimas de esencia personal y un conocimiento profundo de su circunstancia histórico-social (Rivera de Álvarez 658-748). En ellas vemos una poesía de conciencia social, de nueva expresión de libertad individual/colectiva, identificada con sus luchas sociales y políticas. Su propuesta consiste en: información, agitación, inspiración y expresión de su agotadora realidad doméstica, mezclada con sentimientos de ternura. Desde esta perspectiva se rechaza la opresión femenina vista como objeto sexual que el hombre ha fabricado en un ambiente social y hostil (659-748). También observamos en ellas, como apunta Rivera de Álvarez, una incursión surrealista como medio de substitución o negación del mundo contemporáneo que les ha tocado vivir:

La búsqueda de las raíces, el retroceso hacia el pasado mítico, el    apoyo en lo maravilloso, lo fabuloso, lo esotérico y oculto de raíces orientales que encontramos en algunas poetas con objeto de nuestra atención y quienes al igual quieren integrar al hombre con origen de tierra madre. (722)

Así y en ciertos casos, el lenguaje como expresión remite a un estilo barroco de signo hermético entremezclado con lo llano y lo coloquial que en ocasiones utiliza palabras soeces.

Deteniéndonos en el libro Animal fiero y tierno (1977) de Ángela María Dávila, visualizamos como esta poesía lírica brinda un acercamiento al testimonio, en el sentido de construir una lírica de concientización social, de lucha y de justicia en un mundo de discriminación racial, de clase y de género, a través de la representación como resistencia, "cultura afirmativa y estética práctica", que procura asentar la responsabilidad de la enunciación en la voz/escritura de clases y grupos subalternos, para así transgredir su relación con las instituciones del estado, las cuales distribuyen el valor y el poder del discurso del individuo (Yúdice 208-13):

Las voces generales, al acecho

me gritan por la calle sobrenombres: No eres tú la amorosa que busca   entre las bestias la fuente de su estirpe ("Autodedicatoria" 7).

 

El yo lírico-testimonial de esta autodedicatoria o autobombo alude a "cierta urgencia o necesidad de comunicación que surge de una experiencia vivencial de represión, pobreza, explotación, marginación, crimen, lucha" (Beverley 9) del ente femenino. El sujeto lírico testimonial de la poesía de Dávila representa una metonimia del sujeto colectivo femenino, en búsqueda de un espacio que transgreda la invalidación e invasión de un discurso dominante, hegemónico y patriarcal.

En Animal, fiero y tierno, encontramos un poema que puntualizan la unidad temática referida: “Ante tanta visión de historia y prehistoria” Este poema pertenece a la primera región, “Frontera con el aire”, donde propone definir un sujeto lírico testimonial en el contexto existente con el dolor, la dialéctica del tiempo, la individualidad del sujeto poético y su relación con el mundo. El yo poético cuestiona el valor de su historia individual concomitantemente con el cuestionamiento del acto de la escritura frente a la historia colectiva. Así el poema "Ante tanta visión" alude al problema de la relación entre el sujeto y el mundo:

     Ante tanta visión de historia y

     prehistoria, de mitos

     de verdades a medias-o a cuartas-

     ante tanto soñarme, me vi,

     la luz de dos palabras me descolgó la sombra.

     Animal triste.

     Soy un animal triste parado y caminando sobre un

     [globo de tierra]. (16)

 

En estos versos existe una separación del sujeto poético del mundo. El yo lírico testimonial cuestiona la construcción histórica basada en mitos o ideologías legitimadas por discursos totalizantes que proponen la emancipación y el progreso humano. Esta separación del mundo, vista desde sentimientos de angustia, tristeza y opresión, anuncia la fragmentación del sujeto histórico al exaltar su heterogeneidad y diferencia. De ahí que se reconozca como animal triste y tierno de la naturaleza:

            Lo de animal lo digo con ternura, y lo de triste lo digo con                 tristeza,

            como debe ser,

            como siempre le enseñan a uno el color gris.

            Un animal que habla

            para decirle a otro parecido su esperanza.

            Un mamífero triste con dos manos

            metidas en una cueva pensando en que amanezca,   
            con una infancia torpe y oprimida por cosas tan- 
            ajenas. (16)

 

En estos versos se reconoce la "responsabilidad de enunciación del yo lírico testimonial (Yúdice 214) cuando nos define su encuentro con la otredad (16).

Todos estos registros semánticos denotan un animal humano con vida en el mundo. Su comparación con el animal nos lleva a la continua visión del ser humano como un animal colectivo distinto, pero que imita las acciones del otro: siente, ríe y llora. El animal humano sigue los pasos del otro con una necesidad de colectividad desde su propia individualidad:

     Que aprende a reír solo si otro ríe

     para ver cómo es

      y sabe decir

     soy un animal triste esperanzado

     vivo me reproduzco sobre un globo de tierra. (16)

 

Es decir, el discurso moderno, al que el sujeto poético critica, ha logrado la homogeneización mediante la legitimación de la racionalización institucional patriarcal que domina al sujeto colectivo (Reiss 204). De esta manera, vemos en este poema cómo el yo lírico testimonial retracta la categorización de su experiencia individual y se dirige hacia la responsabilidad social, partiendo de su diferencia. Su pragmática está en la solidaridad con el otro y en el contacto con aquellos sujetos que buscan la emancipación individual desde su marcada autenticidad.



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