28 Ene 2022

116. POESÍA ARGENTINA. LEOPOLDO TEUCO CASTILLA

-22 Nov 2021

 

SUPERFICIES

 

El pájaro intenta

alcanzar al pájaro

que vuela con su nombre

 

el mar

a esa línea

donde pierde el conocimiento

 

ninguno retiene su superficie

 

¿De qué no estamos hechos?

 

La forma existe

hasta que halle la salida

 

los límites viajan

 

la Creación no ha comenzado todavía.

 

 

SURFACES

 

The bird tries

to reach the bird

that flies under its name

 

over the sea

to that line

where it blacks out

 

no one retains his surface

 

What aren´t we made from?

 

Form exists

till we find the exit

 

limits move on

 

Creation hasn´t begun yet.

  From Teorema natural Translated by Anthony Edkins


 

NACIMIENTO DE LA SIMETRÍA

                                                A Osvaldo Torasso

 

De esas dos mitades sólo una es real.

Hechizada por su aparición

y antes que la luz la disuelva

engendró la otra para verse.

 

Medio árbol es el que extiende sus ramas para tocarse,

medio hombre el que custodia su propia calavera

y sólo con un ala y un espejo

                                    vuela la mariposa.

 

Una desesperada volandería de mitades llena de mañanas el mundo.

 

Siempre que la muerte, que es tuerta,

con su ojo demasiado solitario

                                    no se atreva a mirar,

lo irreal semillará la tierra.

 

 

BIRTH OF SYMMETRY

for Osvaldo Torasso

 

Of these two halves only one is real.

Bewitched by its appearance

and before light could dissolve it

to behold itself it begot another.

 

Only half a tree stretches its branches for touch,

half a man keeps watch over his own skull

and the butterfly flies

                                with only one wing and a mirror.

 

Filled with the word´s mornings a maddened fluttering of halves.

 

As long as one-eyed death,

its eye too single,

                           Doesn´t dare look,

the unreal will replenish the earth.

 From El amanecido Translated by Anthony Edkins

  

 

XVII

                        A Héctor Tizón y Flora Guzmán

 

Los hombres —esas horas oscuras—

viven aquí sin llegar nunca.

Sus ojos, sólo sus ojos

anfibios

lamparean al viento.

 

En el arenal sepultaron su casa

ahí dentro vienen a comer las cobras

mientras ellos, encandilados,

beben el sudor frío

                                    el espanto

de la noche que acampa en el vacío

y se deshuesa

bajo el cielo despegado.

 

Allí, el tejedor,

                        a medio enterrar,

intenta detener el médano.

El desierto se deshora y vuelve

como un muerto:

                                    ocupa todo

                                    estando en otro lado.

 

La superficie teme. Son los finales

el color no hace pie

el polvo es de sonido

 

el desierto es una enfermedad del espacio

pero en el desierto

                                    el espacio no existe.

 

 

XVII

 

Men —those dark hours—

Live here without arriving.

Their eyes,

only their amphibious eyes

lampen the wind.

 

They bury their houses in the sandy expanse

and there inside, cobras come to eat

while they, dazed,

drink the cold sweat

                              the horror

of a night which camps in space

and bones itself

under a sky come unstuck.

 

There, half-buried,

                            the weaver

tries to arrest the sand dunes.

Desert is hourless and comes back

like a dead man:

                         being on the other side

                         it occupies everything.                       

 

Surface is afraid. It´s finals time

colour´s out of its depth

dust´s a matter of sound

  

dessert is a sickness space suffers from

but in the dessert

                           space does not exist.

 

From Baniano Translated by Anthony Edkins

 

 

IHLARAVADISI

 

Sufre el río

cuando cruza el cañón de Ihlaravadisi.

 

A ese lugar lo devoró la fe.

Todavía se oyen

las uñitas de los suplicantes

el hueserío de las oraciones.

 

Allí la piedra descendió

a la desamparada enormidad del hombre,

allí se amedrenta el polvo

y se derrocan

                sin salvación

                         las barrancas.

 

Hay ángeles vivos en los murallones

envejeciendo

en los huecos de las telarañas

y en los nidos vacíos.

 

Hay penitentes

                        secos

                            

aguardando el deshielo de Dios.

 

 

 

IHLARAVADISI

 

When crossing the canyon at Ihlaravadisi,

the river suffers.

 

A place consumed by faith.

Penitent fingernails

can still be heard

in the rattling bones of prayer. 

 

There, a rock was dropped

on the helpless vastness of man;

there, the fearful dust

and the ravines

                     overthrown

                              without salvation.

 

There, angels live in the walls,

growing old

in the gaps of spiderwebs,

and empty nests.

 

There are regrets, sinners,

                                        dry,

 

awaiting the thaw-out of god.

  

From Tiempos de Europa Translated by James Byrne and Isabella Castañeda Godoy

 

  

NUNCA

                         A Daniel Moyano

 

Es la misma mosca

bramando

en el mismo verano,

la misma vela temiendo por las habitaciones

y en su horca

                        el trueno;

el mismo niño ese hombre con el agua al pecho

bajo los cielos asustados.

 

No hay quietud

                        la sombra de ese árbol

                        esta copa de vino

                        un relincho

                        esparcen toda eternidad

 

Tú y yo,

                        cada crepitación de la vida

y el astro seco

                        como una máscara

en el vacío

somos infinitos

infinito

                        cada sollozo

                        cada paso que das y el que no has dado

y una pluma que cae

                        y detiene la tierra

y el último estertor

que añade un laberinto.

 

El hombre

cría un animal, un caballo, un toro,

como quien alimenta a un dios antiguo

hasta que uno de los dos se lleva en los ojos

la extinción del otro

y es lo simultáneo

de la vida y la muerte

lo que tienen de inolvidables.

 

Cada vez que recuerda

es de nuevo poblaciones

un hombre solo

                        procreando derrumbes.

Dentro de esos lentos vendavales

resiste

            su criatura

emblemática y ácida

como una joya carnívora.

 

Nada lo contiene

es la misma marea en su antiguo abismo,

la misma inmensidad que expulsan

un hombre ciego

                        y una mariposa quieta,

la misma lengua

de la piedra haciendo piedra,

del pájaro

                        llamando al agua,

del trapo que se acobarda

en el cerebro de un loco.

 

No hay fugacidades

así como el mar día a día

llega, brillante, a su propio funeral

así

    no cabes en tu tiempo

tu segundo está lleno de enormes batallas.

 

En el instante

no hay pérdida ni huida,

de esa breve eternidad

tenemos

            la física de la leyenda.

 

No es el hombre un enigma

es que no hay nadie en él.

                        Su único don es mundo.

 

Hay, sin embargo, un sitio que no pertenece al universo

una grieta

que se fuga del mundo

                        y no retorna nunca:

y es cuando el hombre sabe que se muere.

 

Le queda grande la luz,

como colgajos

los días que le faltan,

que reptan dificultosamente

entre los amedrentados muebles del salón

y es inútil acudir en su auxilio

porque él, mudo, frente a una ventana

le ha dado

su palabra

a la muerte.

 

Ya no oye

los nombres de su vida lo han abandonado

son como piedras

            ahogadas

            en los arenales

            de su alrededor.

 

Mientras el salón se desordena

en una meticulosa desesperación

todo lo que lo rodea intenta un arco

que desciende y no cae

                        un hueco que sobresalga

una señal que lo ocupe

                        antes que no le quede nadie

pero él no tiene dónde

es la frontera.

 

                        Asilado en su nombre

                        absoluto en el sillón

                        discontinuo

                        fuera de la naturaleza

 

uno lo llama y gira la cabeza y nos mira

mientras el pasado lo deshora

y torna, último, a la insolación,

a fijar sus ojos

antes de que la ventana se desclave

 

mientras el mundo se va de su cerebro

como una luna lenta.

 

El muerto

difunde su instante profundo

desde lejos mueve una hoja, vuelca un vaso,

abre una puerta sin viento

para despedirse,

asola

con desahuciada luz

las poblaciones de sus cinco sentidos

y le devuelve

                        a la amada una tarde,

la sangre al hijo,

el hueco a la madre,

restituye su nombre al enemigo

 

toca, todo su deseo toca los desalmados

cabellos

de su mujer dormida,

entonces los objetos

sollozan estériles futuros

y la casa de llena de asfixia y tempestad,

de premoniciones.

 

De pronto

todo cesa.

            Y es él, cayendo en otra latitud,

esa gota desorientada en el borde de la mesa,

es él

       insepulto

            en esa mariposa

                        diciendo adiós

                                    a su propia forma.

 

Lo sentirás ensordecer

con su ala de harapo

la levedad del mundo

vagar como un pez

perdido en la luz del espejo

desahogando

            su insondables ropas

            de finado

 

sabrás que estuvo

porque el día que adviene

                        no tendrá presente.

 

¿Cuál será, ahora, su comarca?

¿La desazón de la luz,

 la luna enferma dentro de las habitaciones,

  un basural, sin recordar,

                                  huyendo?

 

Vengo llovido

por sus aguas seniles y brillantes

han ahorcado

con sus inversos

          sietemesinos

          aires

las hojas del árbol de mi casa

me han soltado

          vacas en pena

          como muebles amarillos

                                  en el corazón.

 

Huero y sagrado

                      soy el cubil

                                  la boca de salida de mis muertos.

 

 

NEVER

 

                                         for Daniel Moyano

 

The same fly

howls

in the same summer,

the same fearful candle moves through the room,

and in the gallows  

                            thunder;

the same boy, a man with water up to his chest,

under terrified skies.

 

There’s no stillness

                                    the shade of the tree,

                                    a glass of wine,

                                    and a whimper

                                    spreads over eternity.

 

You and me,

                                     every crackle of life

and every dry star

                                      like a mask

                                                in emptiness.

 

We are infinite,

infinite,

                                       every sob

                                       every step taken / untaken

a feather that falls

                                       stops the earth,

and a last breath

opens a labyrinth.

 

A man

raises his animal, a horse, a bull,

like someone feeding an ancient god,  

until one steals from the other’s eyes

extinction.  

 

What remains unforgettable,

is the simultaneity

of life and death.

 

Every time he remembers the past,

he returns to his community,  

a lonely man

                         birthing landslides.

In a slow gale,

he resists

                 his creatureliness,   

emblematic and sour,

a carnivorous jewel.

 

Nothing contains him

his tide in the abyss,

it’s the same immensity discharged

by a blind man

                        or a waiting butterfly,

the same tongue

of a stone creating the stone

of a bird

                           calling to water

on a cowardly cloth, hiding

inside a mad brain.

 

Nothing is fleeting,  

just like the ocean day by day,  

arriving, to shine at its own funeral.  

Like this,

                  you are out of key with your time,   

your every second, an epic battle.

 

In an instant

no loss, no escape,

within the briefness of eternity,  

we hold

               the physicality of myth.

 

Man is no mystery,

            there is simply no one living inside him.

                                   His only talent is the world.

 

And yet, there is a place that doesn’t belong in the universe,  

a crack

escaping the world

                            to never return:

and in this crack is when he knows his death.

 

The light doesn’t fit him,

like large flaps of skin

the days he has left to live,

time crawls precariously

between the shocked furniture of the room.

And it’s useless to ask him for help

because, mute, standing at the window,

he pledged his word

to death.

 

The naming of his life abandoned,

he no longer hears

like stones

                     drowned

                     by surrounding sand.

 

While the room is disorganised,

meticulously desperate,   

everything attempts to surround us like an arch

descending without falling,

                                            a visible hole,

a covered signal

                          before no-one is left.   

But he who lives nowhere

is the border.

 

                                  Isolated by his own name,  

                                  complete on the couch,  

                                  broken

                                  outside of nature,

 

someone calls out to him and he turns his head to look at us,  

the past rolls away the clock

and he snaps back, sunstruck

fixing his eyes,

before the window detaches,

 

the world leaves his mind

like a slow-fading moon.

 

The dead man

spreading deep presence  

from far off; the movement of a leaf,

the knocking over of a glass of water,

the windless opening of a door

to say to goodbye

 

in hopeless light,

the population of his five senses,  

and the return 

                            of an afternoon to a lover,

blood to the son,

emptiness to the mother,

returns his name to enemies.

 

Desire touches the soulless  

hairs

of a sleeping woman.

So, objects

sob with future sterility,  

and a house filled with premonitions,

suffocates in a storm.

 

Suddenly,

everything ceases.

                      And it is he who falls into dimensions,

a droplet, disoriented at the border of a table,

him

      unburied

                    in the butterfly

                                         parting

                                                   its own form.

 

Sense him deaf

inside a ragged wing,  

the world’s lightness  

roaming like a fish,  

lost in a mirror’s light

venting

           endless clothes

           of the dead.

 

You will know he lived

because the day arrives

                         without presence.

 

Where is his place?

Itchiness of light,

the moon sick inside bedrooms,

a wasteland, unrecorded,

                                escaping?

 

I am soaked

by bright, senile rains.

They hang

with contradiction,

                prenatal breezes,  

the leaves of a tree inside my house,

the letting loose  

            of sorrowful cows,  

            yellow furniture

                                    in my heart.

 

Empty, holy,  

                              I am the cave, 

                                                          the exit mouth of the dead. 

 

 From Nunca Translated by James Byrne and Isabella Castañeda Godoy

 

 

Leopoldo Teuco Castilla (Argentina). En 1976 se exilió en España, perseguido por la dictadura militar. Es autor de 22 libros de poesía, además de diez volúmenes de narrativa y ensayo. Poesía suya se tradujo a diez idiomas y ha sido antologada en varios países de América Latina y Europa. Obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales. Sobre su cuento La redada se filmó el largometraje homónimo dirigido por Rolando Pardo.

 



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