09 Dic 2022

457. POESÍA COLOMBIANA. CAROLINA SÁNCHEZ PINZÓN

-16 Sep 2022

 

Sabemos por Roland Barthes que la palabra ’texto’ significa trama, sugiere además que: «a través de un entrelazado perpetuo; perdido en ese tejido —esa textura—, el sujeto se deshace en él como una araña que se disuelve en las segregaciones constructivas de su tela». Podemos pensar entonces en el argumento que hila la palabra y sus imaginarios. Allí ocurren grandes momentos de transformación, una suerte de milagro, que hilvana nuestra psique.

El texto se hace y nos hace a su semejanza, pero también es el huso de palabras, o de hilos de seda, que nos desconfigura porque en el proceso de simbolización somos parte de un gran cuerpo texturizado que perfectamente puede descoser sus propias puntadas. Así, en la belleza y la crueldad de los vocablos, vamos sintiendo también la orfandad de una realidad demasiado asombrosa para abarcarla en una lectura reduccionista.

A la realidad no podemos verla desnuda. Lo lógico y lo irracional nos ciegan como cuando vemos al sol, o a los dioses, de frente sin pestañear. En la poesía de Carolina Sánchez Pinzón, insumisa poeta colombiana residenciada en Madrid; caminamos por versos agudos, tallados con minuciosa orfebrería. Hay que andarse con cuidado por estos anillos de arena que van y regresan en varios sentidos. Nos seduce y encandila el pulso vital que funda la fiebre y desgarra el alma en la cruda verdad del poema:

Mi cabeza flotando
entre luciérnagas
entre jeringas
con más de una gota de sangre
entre
carnicerías de moscas
entre
silencio.

Nos subordina el lenguaje porque es lo que nos representa y al mismo tiempo disloca la figuración que de nosotros mismos hemos imaginado. Así el sujeto poético en “Metamorfosis”, segundo apartado de "Escenas del duelo", se abre como una flor carnívora. Este poema cifrado en clave kafkiana, nos revela el ingenio de la poeta al insinuar el grado de violencia y de transgresión que traversaliza a la comunicación —ruptura elemental, en tanto herida, de una sociedad en decadencia—. La poesía se convierte en síntoma de la más profunda enfermedad: la cabeza flota intervenida por imágenes, fogonazos de carnes abiertas en el paroxismo de tantos estímulos visuales, auditivos y quinestésicos que se convierten en alucinógenos.

Somos barcos sin puerto, la mente va a la deriva en el giro perpetuo de todas las voces ininteligibles que sostienen la lengua. Esa imposibilidad de discernir entre un adentro y un afuera, nos hace parte del horror que es capaz de sobrepasar los vocablos comunes. Sucumbimos al ritmo de una época cuyo eco estalla como una granada dejando nuestros sentidos desamparados en el más absoluto y ensordecedor silencio. Ahí es donde Carolina Sánchez Pinzón mete el dedo en la llaga para recordar nuestra infinita fragilidad. Estamos desamparados en el intermedio de esa sombra propia que no nos atrevemos siquiera a nombrar, por eso, la poeta sentencia el festín de la desgracia que nos corresponde en este espectáculo que venimos siendo. Queda en nosotros aguzar los sentidos ante la iluminación de su advertencia.

Amarú Vanegas

 

 

ESCENAS DEL DUELO

 

II. METAMORFOSIS

 

Mi cabeza flotando

entre luciérnagas

entre jeringas

con más de una gota de sangre

entre

carnicerías de moscas

entre

silencio.

Mi cabeza perdida

como vagina de muñeca de plástico,

en cualquier basurero.

Contempla

el paso de larva a mariposa

de bala a cadáver.

Mi cabeza flotando entre manos y pies de

otros.

Entre los sonidos del aullido del animal

que llega sin invitación a la

ciudad.

Entre cráneos de cabras.

Entre los eclipses

que siempre aparecen en los destierros.

 

Mi cabeza flotando

entre los ojos de Dios,

el cirujano.

Entre pesadillas,

que como pan sostienen a los hombres.

Entre este país de injertos.

 

Mi cabeza puede

contar hasta tres

para desaparecer.

Mi cuerpo no.

La guerra tampoco.

 

De Cae sobre mí una sombra. Antología, 2018.

 

 

VERANO

 

Cada año más pasajeros

del sol,

más labios incautos entre las piernas,

más pasión por las mentiras

y sus perforaciones.

El toro lleva a cuestas el cadáver de la arena.

 

De la antología Ahora que calienta el corazón. Poemas a las estaciones del año, 2017.

 

 

NADIE IMAGINA EL ESQUELETO DE LOS PÁJAROS.

Sin embargo,

bendicen su canto

y a la vez lamen sus corazones sangrantes.

La sangre del pájaro

suena en nuestros oídos.

 

 

MIS HIJOS NO SABEN QUE LO SON.

Ahora respiran inconformes.

Sus rostros envejecen con mi saliva.

Sus pies han cambiado de

forma de vestir.

Se besan en medio

del mercado de la caridad.

Sonríen cuando piensan

que yo no existo.

Aprietan los dientes,

ante la claridad que es mi vida ahora.

Ya no juego en su jardín.

 

Mis padres se calman cuando

piensan en mi útero.

 

Traigo hijos al mundo,

para luego verlos

engullirme.

 

 

ACTAS DE INCINERACIÓN

 

IX

 

Cada día

encierro más palabras en una caja.

Dejo un pequeño orificio

para que respiren por turnos,

para que vean el mundo con un solo ojo.

Nadie detendrá mi ambición

de arrastrarlas a un río

con el sonido de mi flauta.

 

Hamelín es una tierra,

sin risas bajas.

 

 

SILENCIO ENTRE LAS UÑAS.

Nuevas sombras manipulan la bondad.

Me sumerjo otra vez entre

huevos de serpiente.

Empiezo otra metamorfosis.

Las alas caen.

Nadie siente piedad de nadie.

No siento piedad de mí.

 

De Incineraciones, 2022

 

 

Carolina Sánchez Pinzón (Colombia). Licenciada en Administración Pública y Ciencias Políticas. Reside en Madrid. En el 2003, con el libro Versículos fue galardonada con el II Concurso Latinoamericano y XVI Universitario Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia. Ha publicado la antología Cae sobre mí una sombra (2018) y algunos de sus poemas han sido incluidos en varias antologías. En 2021, fue una de las poetas escogidas por convocatoria para participar en el 31º Festival Internacional de Poesía de Medellín. Incineraciones (2022) es su más reciente poemario.

 



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