03 Feb 2023

472. POESÍA COSTARRICENSE. MARCO AGUILAR

-03 Ene 2023

 

Nueva York Poetry Press & Review lamenta la muerte de Marco Aguilar (3 de enero de 1944 - 3 de enero de 2023), uno de los poetas costarricenses más representativos. Deseamos profundamente que su poesía perdure entre nosotros. Un abrazo sincero a sus familiares y amigos, desde Nueva York. Q. e. p. d.

Compartimos una selección del poemario Profecía de los trenes y los almendros muertos publicado por nuestra casa editorial en 2020, presentado en el I Festival Presagio de Fuego de Turrialba Literaria. 

 

 

ENTRE OTRAS COSAS INVENTAMOS LA MUERTE

 

Entre otras ocurrencias

inventamos el tiempo

y demasiado tarde comprendimos

que el tiempo era la muerte.

Son cosas que nos pasan

por jugar de inventores.

El planeta

nos parece la bola de un péndulo

ciego

y toda la galaxia

palpita como un frío

cronómetro sin números.

Años, siglos

veranos de mentira,

lunas llenas, relojes en desuso

flotando en el espacio

sin pausa ni memoria.

Y el eclipse, puntual,

hermoso y anacrónico,

desvelador de astrónomos,

portador de siniestras profecías.

Terco reloj,

el sol que nunca falla,

un día se va a cerrar

igual que las mandíbulas de un tigre,

pero entre tanto nos entretenemos

inventando la muerte

y otras cosas horribles.

  

 

MI GUILLOTINA POR TU DECAPITADO

 

Te doy mi sed a cambio de tu agua,

te doy mi sueño por tu cama rota,

mi silencio por todas

las canciones amargas

y mi paraguas por las lluvias de mayo.

O tal vez mi guitarra por tus cuerdas,

todas las balas por el asesino,

mi guillotina por tu decapitado.

Te cambio dos suicidas

por un recién nacido,

y toda la gramática

por un solo poema.

  

 

GATO

 

Un gato está dormido

en el rincón más tibio y silencioso.

Hay luto en la familia y esperamos

más luto. Se conversa

de fútbol y suicidios.

Olvidamos

regar las plantas, conseguir la leche,

alimentar al gato.

Las muertes repetidas

nos han dejado así, desconcertados,

quién sigue, cuál entierro

fue más hermoso,

cuál fue más tierno;

de manera

que estamos casi, casi acostumbrados.

Se come poco

¡y hay tanto que callar!

Pero el gato

parece muerto en el rincón más tibio

de la casa.

Abre un ojo (uno solo)

y como nada, nada vale la pena,

lo cierra nuevamente y se acabó.

 

 

VENGO HUYENDO DEL SIGLO

  

Vengo un poco aturdido:

me golpeó la sombra de un arcángel

que patrullaba el cielo con una sola ala, un ojo solamente,

una única pierna; o sea, casi, casi

la mitad de un arcángel.

Yo soy de tiempos y climas diferentes

y no entiendo cómo puedo estar vivo todavía.

Vengo huyendo pero no de la muerte, como podría pensarse;

huyendo de la vida es lo que vengo

pues no deseo contaminarme ahora,

como el viento irreprensible del domingo

que al pasar por el pueblo se llena de hojas como cadáveres

y de papeles sucios.

No quiero ser

fruta podrida de los mariposarios,

bajar a los infiernos con el Señor Obispo.

Vengo enfermo del siglo, enojado del hambre,

tal vez un poco triste y furioso de guerras.

O sea que

vengo con mis esdrújulas muriendo.

 

 

AÑOS DE LA NEBLINA

 

Hubo una edad en que

los trenes caminaban para atrás

con maquinistas ciegos

y al borde del barranco.

Los pasajeros

mirábamos aburridísimos por la ventana

el paisaje vacío.

Los últimos vagones, que eran los primeros,

arrastraban la niebla por los pelos

en la cuenca del río.

Era la edad en que

los trenes caminaban,

aunque nunca supieron

para dónde.

Indiscutiblemente

fue el mejor tiempo de los ferrocarriles.

 

 

CANCIÓN DE CUNA PARA QUE NO DISPAREN

 

Se han dormido mis hijos

mientras crecen y crecen las raíces,

tercas y silenciosas,

extrayendo

de las oscuridades más profundas

los alimentos,

el tomate, el limón, la zanahoria.

Se han dormido mis hijos

mientras rondan afuera los ladrones

armados de puñales

y herramientas de muerte.

La noche igual a todas, clandestina;

maquillajes podridos,

borrachos que se caen y vociferan.

Mis hijos

acostumbran soñar con la maestra

y la maestra

se desvela a menudo por mis hijos.

Pero ellos

no carecen de nada cuando sueñan.

Toda la noche

brilla el sol para ellos solamente;

llevan plumas hermosas de quetzal

y vuelan como pájaros altísimos.

¡Se han dormido mis hijos

y no quiero que nadie

blasfeme,

nadie lance una piedra contra un vidrio;

y no quiero que nadie, pero nadie

dispare una pistola en este pueblo.

 

 

CONTRATANDO PAYASOS

 

El hombre triste piensa,

piensa t

            o

               r

                 c

                   i

                     d

                        o

y piensa demasiado;

pero pensar de esta manera duele.

El hombre triste

es igual que una piedra pensativa.

Así de duro es

el hombre triste.

No lo haremos feliz

contratando una tropa de payasos,

regalándole libros,

chocolates,

una copa de vino

griego

traído especialmente para él

en un barco de velas.

Lo que más necesita

es que nadie pretenda

curarle la tristeza:

él quiere que lo toquen,

que lo escuchen.

Y, si fuera posible,

él quiere que lo maten

y eso es todo.

 

 

RESURRECCIÓN PARA LA MUERTE

 

Expulsado del cielo,

damnificado,

ciego y sordo.

Desposeído incluso de su sombra,

acostado en el barro

que iba pacientemente poseyéndolo

en un coito sagrado,

el viejo, viejo tronco

aprendía la muerte

paso a paso,

verdadera

autopista de hormigas robotizadas

y lo atacaban hongos

espantosos.

Pero un día llegaron leñadores

picados de zancudos

fumando y maldiciendo.

Lo amarraron a un cable y lo arrastraron

entre la soledad y la hojarasca

hasta llegar al río.

Allí

se liberó del barro y los parásitos

y, por primera vez,

viajó;

fue un largo, largo viaje por el río de vidrio.

Se despeñó en antiguas cataratas,

se amedrentó entre piedras

enfurecidas,

flotó en la compañía de lagartos hambrientos

en remansos sin fondo.

Fue interminable el viaje

hasta el aserradero.

Cuando por fin lo pasaron por las sierras

resucitó en pared contra los vándalos,

en puertas contra el miedo,

en cajón para títeres,

cama para la cópula

de los recién casados.

Y los sobrantes

guisaron la comida de los menesterosos

que

por media hora fueron opulentos

entre el hambre y el humo.

El viejo tronco

acostumbrado al barro y las serpientes

en sueños, solo en sueños,

recupera sus ramas amputadas,

percibe el peso helado de la lluvia

y de las grandes aves de rapiña.

¡Resucitar, sentirse lleno

de savia nuevamente,

regresar a la tierra y a la luz verdadera

únicamente para morir de nuevo

y que lo entierren

pero como ataúd y entre las lágrimas!

 

 

PETROGLIFO

 

Hermano, hermano mío, te imagino

desnudo en esta piedra hace mil años

sosteniendo en las manos

la obsidiana más dura de este mundo.

Querías marcar para la eternidad

o sea para nosotros,

tus dioses y tus fechas más queridas.

Yo comprendo

lo que te habrá costado herir la piedra

durante tanto tiempo,

trazando tenazmente líneas curvas

que se buscan y huyen de sí mismas

perdiéndose y hallándose.

Pero hermano, no entiendo

qué quisiste decir con la serpiente.

¿Tal vez te desvelaba el atavismo,

cuatro colmillos largos,

la muerte y el veneno?

¿O es que acaso soñabas con serpientes

como nosotros cuando dormimos solos?

Comprendo lo del tigre:

yo mismo lo he envidiado

por su ferocidad y su belleza

(no su piel ya vacía en los abrigos

sino sus ojos vivos

capaces de leer el pensamiento).

 

Comprendo

que los monos también te sorprendieran,

irresponsables y libidinosos

lo mismo que nosotros.

Y el cocodrilo muerto en el río caliente

que de repente

vive,

mandíbulas, espasmo,

sangre en el agua limpia.

Y luego

de nuevo ese animal como una piedra,

cataléptico,

calentando en el sol sus vísceras heladas.

Y la espiral, ¿tiene un significado filosófico

o simplemente es que te complacía trazarla

y la tribu completa

admiraba lo bien que te quedaba?

Me parece que entiendo lo del sol,

el dibujo infantil como de broma,

aunque también podrías sorprenderme

escondiendo en un trazo tan sencillo

algún significado poderoso.

¡Ay, hermano, vecino, compatriota!

¿Qué querías informarme con todo esto?

Veo la piedra enorme,

la escucho atentamente

acercando la oreja a su contorno frío,

a ver si así comprendo.

Pero no estás aquí, no puedes enseñarme

los códigos secretos

de este hermoso zoológico tan viejo.

No tenemos

una costilla ni una calavera de toda tu familia

y perdimos las claves

para entender el cielo que veías,

la fecha de la siembra

o la derrota de tus enemigos.

Todo es olvido ahora.

Pero yo te prometo que más tarde

vendremos centenares de nosotros

y entre todos tal vez te entenderemos,

pregonero desnudo,

profeta de la piedra,

compañero en las sílabas sagradas

y nunca volveremos a olvidarte.

 

Amazon Prime
© 2020, Marco Aguilar
162p, 5.25’’ x 8’’
ISBN-13: 978-1-950474-31-8
© Colección Tránsito de Fuego vol. 8 (Homenaje a la poeta Eunice Odio)
© Contraportada: Susan Campos Fonseca
© Concepto de edición y colección: Mar Russo
© Edición, diagramación y fotografía de autor: Luis Rodriguez
© Diseño de colección y portada: William Velásquez Vásquez
© Fotografía de portada: David Johnson (Adobe Stock License)

 

 

Marco Aguilar (Turrialba, Costa Rica, 3 de enero de 1944 – 3 de enero de 2023).  Fue cofundador del Círculo de Poetas Turrialbeños. Realizó labores periodísticas para el diario El Costarricense y la Revista Polémica. Fue columnista para la Revista Lectores. Fue miembro fundador de la Comunidad de Autores Literarios y Editores de Turrialba. Forma parte del Colectivo Fundador de Turrialba Literaria. Obra: Raigambres (Líneas Grises, Turrialba, 1961), Cantos para la semana (Líneas Grises, Turrialba, 1962), Emboscada del tiempo (Ed. Zúniga y Cabal S.A., San José, 1984 y 1988), Tránsito del sol (Ed. Zúniga y Cabal S.A., San José, 1996), Obra reunida (EUNED, San José, 2009) y Profecía de los trenes y los almendros muertos (Nueva York Poetry Press, NY, 2020).

 

http://www.turrialbaliteraria.org/marco-aguilar.html

 



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