11 Abr 2021

185. POESÍA CHILENA. MICAELA PAREDES BARRAZA

-27 Feb 2021

 

ROOSEVELT ISLAND

 

Demasiado arriba: el cielo

sospechosamente blanco.

El día se resiste, la luz huye, se repliega

ocultando lo que halla. Todo busca

su pretexto en la memoria de la sangre,

las rodillas desconocen

la cadencia de una isla

sin espacio para el polvo.

Nada calza

con el hábito del ojo, pero siempre

la faena es una sola:

la apatía demorada en los cristales,

la insidiosa claridad

de un eterno mediodía que desciende

sobre un mundo saturado

            de señales

sin misterio.

 

 

EL PESO DE OTRA ISLA     

                  

Los cuerpos, dominados por la luz,

se repliegan ante el asesinato de la piel.

VIRGILIO PIÑERA

 

Ojalá pudiera hablar de la maldita circunstancia

más allá de la epidermis

enumerar las formas exteriores de la miseria

su proliferación convertida en fuego

testar el barro que penetra en los oídos

describir cómo se revientan córneas e incineran cuerpos

en una isla real y su horrorosa circunstancia.

Palpar el tiempo en los escombros de la carne

no tener más el derecho a imaginar

las circunstancias mientras sostengo todo el peso

de una isla inexistente en la cabeza.

  

 

EN LONGISLAND EL ALBA

 

Esta es el alba.

Para decirlo de otro modo

habría que tener las sílabas del bosque

su rojo triste en las papilas su amargor

acoplado a la lengua.

Aquí no hay madre

que nos enseñe a amar los nombres

y nos guarde el silencio.

No sé decirlo de otro modo:

aquí amanece.

 

 

OFRENDA

 

Sitiado en la penumbra surge el canto

de lo que no alcanzó a saberse día,

cuando tus manos huérfanas de tiempo

trazaron la estatura de la muerte

y urdieron en la entraña de la piedra

la voz de lo que no merece un nombre.

 

Las horas no distinguen si sus nombres

nacen o desembocan en tu canto,

si el cielo es padre o hijo de la piedra:

cosechan el olvido, alzan el día,

y añoran la promesa de la muerte,

pero alimentan con su hambre al tiempo.

 

De ti conservo la palabra tiempo

y cargo su cadáver como el nombre

que arrastra el condenado hasta su muerte

con la esperanza de volverse canto

sin verbo, para al fin nacer al día

que transfigure el llanto de la piedra.

 

Aúlla entre mis sienes una piedra,

la misma que desdobla sobre el tiempo

la estampa diluida de los días:

imagen que en tus aguas busca nombre

sin otra voluntad que la del canto

forjado a semejanza de la muerte.

Si pudiera abrazar toda la muerte

imitando el olvido de las piedras,

entregarme al sonido de su canto,

redimir el instante, ser el tiempo

sin edad, liberado de sus nombres,

y acallar esta sed que ahoga el día,

 

no diría palabra y cada día

cedería sereno ante la muerte

y por fin el silencio, único nombre,

despojado del peso de la piedra

volvería a ser uno con el tiempo:

voz callada, raíz antes del canto.

 

Sea el día anticipo de la muerte

en que vuelvan a unirse piedra y canto

y descansen del tiempo nuestros nombres.

 

 

CEREMONIAS DE INTERIOR

 

Hay algo permanente en la distancia

entre objeto y recuerdo, aquí o allá,

ayer, hoy y mañana.

Repetido y diferente en la memoria

todo queda circunscrito a ese lugar

en que un día nos fue dado amar al mundo.

Perduran sus imágenes: la angustia

del rito los domingos, las migajas del pan

y el desamor

que negamos una vez tras la ventana.

 

Cambiamos de ciudad, contamos sitios,

pero allí y solo allí fuimos y somos

para siempre condenados al abrazo,

al secreto de la luz que nos recuerda por las noches

nuestra ruina originaria.

 

 

MILONGA SOLITARIA

 

Volver a habitar las melodías

que no reconocen su eco

cuando suenan aquí, donde los muebles,

las veredas, la humedad acumulada,

todavía no conversan con el pulso.

Milonga solitaria vía uptown,

odisea Prospect Park - Long Island City:

mirando los horizontes

no quiero cruces ni aprontes

ni encargos para el eterno

solo volver a ser un cuerpo que responda

al estímulo de estas presencias

demasiado sordas

para llorarlas en el canto.

 

 

CIENTO CINCO AÑOS DESPUÉS

 

Y una hoja de arce roja

marca el Cantar de los Cantares en mi Biblia

ANNA AKHMATOVA

 

Bajo el techo congelado de una casa ajena

me pierdo en el recuerdo de días terribles

que tampoco fueron míos.

Leo a Akhmatova leyendo a Salomón.

Su oración se hace silencio entre las páginas

del Cantar de los Cantares

que le habla todavía de milagros.

Ciento cinco años después

al azar abro una Biblia, imitando su gesto:

Job abre su boca vanamente

y multiplica palabras

sin sabiduría.

 

 

HACIA DÓNDE

 

Pero Ítaca está dentro, o no se alcanza.

FRANCISCA AGUIRRE

 

No alcanzarán las islas que contaste

y aproximaste en sueños, tras la niebla de la infancia,

a extinguir el rencor que hoy incendia

y consume todos tus barcos.

Henchidos de silencio entre la luz

del recuerdo y la noche del presente,

su madera enronquecida se alimenta todavía

del anhelo de que Ítaca no sea

sino el sitio que separa

tu vida de la vida,

o de la muerte, que es lo mismo;

el rincón que te espera

sin promesas

cuando ya no haya palabra

ni deseo de ella

y acaricien tus huesos

las raíces invariables de la tierra.

 

 

Micaela Paredes Barraza (Santiago de Chile, 1993). Licenciada en Letras Hispánicas. Ha publicado los libros de poemas Nocturnal (2017), Ceremonias de Interior (2019), ambos por la editorial chilena Cerrojo, y la antología Adiós a Ítaca (2020) por El Taller Blanco Ediciones, Colombia. Es editora Awayu, proyecto editorial independiente en Chile, y coeditora de la revista de poesía América Invertida, publicada en Nueva York. Actualmente cursa el Máster de Escritura Creativa en NYU.

 



Compartir